Las pinturas negras de Goya (fragmento)Valeriano Bozal

Las pinturas negras de Goya (fragmento)

"Goya ha dado vida a una original iconosfera en la que las divinidades clásicas se mezclan con los motivos procedentes de la mitología popular; donde los elementos de una realidad cotidiana española —obsesiva, cruel y difícilmente soportable— se combinan con fábulas, proverbios y símbolos de procedencia emblemática. Una cualidad lógica, reforzada por el racionalismo de la época de las Luces, ha penetrado la imaginación de Goya y ha hecho que los monstruos fantásticos que engendra se nos aparezcan en la plena realidad de su existencia. Hay una diferencia fundamental entre los monstruos de la Baja Edad Media y las estructuras monstruosas artificiales del Bosco, por un lado, y el monstruo vivo y terrible de Goya, hecho que ya había sido subrayado por Baudelaire».
Bialostocki hizo esta afirmación en el curso de su análisis del Disparate alegre y las figuras de danzantes, y sacó unas conclusiones específicas en las que ahora no es preciso entrar. Pero esa apreciación de los monstruos goyescos en la «plena realidad de su existencia» excede los límites del Disparate y debe ser tenida en cuenta a propósito de las Pinturas negras. La plena realidad de su existencia convierte a Saturno en un hombre viejo que devora a la que posiblemente es una mujer joven, y en esa acción está sometido a un frenesí orgiástico que deforma su rostro y todo su cuerpo. Goya no llama la atención sobre el divino poder de Saturno, ni sobre su condición justiciera o melancólica, nos pone ante una figura atroz que se metamorfosea en su atrocidad. Salen los ojos de las órbitas, la boca se convierte en fauces, se doblan los brazos y piernas, crecen desmesuradamente las manos…, rasgos de la metamorfosis bestial que Bacon hará suya en nuestros días.
La iluminación se concentra en la cabeza de Saturno, diversas partes de su cuerpo y la figura devorada, de tal modo que la imagen produce el efecto de una «aparición» que sacude al espectador. Saturno no nos interpela a nosotros, visitantes del Museo, porque nos mire, nos interpela en la intensidad dramática de lo que acontece, en la falta de distancia respecto a su figura, remarcada más si cabe en el movimiento hacia delante y hacia atrás de Saturno, en la frontalidad de la escena que se impone, sin que ningún otro motivo pueda distraer nuestra atención. "



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