Las aventuras de la niña negra que buscaba a Dios (fragmento)George Bernard Shaw

Las aventuras de la niña negra que buscaba a Dios (fragmento)

"Era una pregunta que el negrito estaba totalmente incapacitado para responder: se limitaba a reír histéricamente y a tratar de tomarle las muñecas. Fue solamente cuando los negritos crecieron y se independizaron de ella, y el irlandés se hubo convertido en una costumbre inconsciente de ella, como si fuera una parte de sí misma, que ellos dejaron, de alejarla de sí misma, y quedó una vez más en la soledad y la holganza que la llevaban de nuevo a tales cuestiones. Y para esa época su mente fortalecida la había llevado mucho más allá de la etapa en que se encuentra alguna diversión en destruir ídolos con cachiporras.
Nació en mí el propósito de escribir este relato cuando hube de permanecer cinco semanas en Knysna, durante el verano africano y el invierno inglés de 1932. Mi intención era la de escribir una pieza, conforme al curso ordinario de mi ocupación como autor teatral; pero en cambio, me hallé escribiendo la historia de la niña negra. Y ahora, escrito ya el relato, procedo a reflexionar sobre lo que significa, aunque no me cansaré de repetir que soy tan capaz como cualquiera de errar en mi interpretación, y que los escritores descubridores, como los demás descubridores, equivocan a menudo su destino, tal como le sucedió a Colón. Es por eso que a veces huyen, horrorizados, de las conclusiones a las que manifiestamente conducen sus revelaciones. Sostengo, tan firmemente como Santo Tomás de Aquino, que todas las verdades, antiguas o modernas, son divinamente inspiradas; pero sé, por observación e introspección, que el instrumento que toca la fuerza inspiradora puede ser muy defectuoso, y puede aún terminar, como Bunyán, en la Guerra Santa, haciendo la más ridícula tontería de su mensaje.
Sin embargo, aquí va, por lo que valga, mi propia apreciación del asunto.
A menudo dicen los atolondrados que somos una especie conservadora, impermeable a las nuevas ideas. No lo he encontrado así. A menudo me sorprende la avidez y la credulidad con que toman y se adoptan nuevas ideas, sin un retazo de evidencia firme. La gente creerá cualquier cosa que la divierta, la agrade o le prometa alguna suerte de provecho. Me consuelo, como lo hizo Stuart Mill, con la noticia de que, con el tiempo, las ideas tontas perderán su encanto y quedarán fuera de moda y de la existencia; que las promesas falsas, cuando se las quebrante, pasarán, mediante cínica mofa, al olvido; y que después de este proceso, las ideas sanas, por ser indestructibles (porque aun cuando se las suprima o se las olvide son redescubiertas una y otra vez) sobrevivirán y serán añadidas al organismo de conocimientos comprobados que llamamos Ciencia. De esta manera adquirimos una bien probada existencia de ideas para alimentar nuestras mentes, pero siendo esta alimentación la educación propia, distinta de la seudo-educación de las escuelas y universidades. "



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