Yawar Fiesta (fragmento)José María Arguedas

Yawar Fiesta (fragmento)

"Dos mil lucaninos vivían en Lima. Más de quinientos eran de Puquio, capital de la provincia.
Los lucaninos llegaron a Lima cuando en todas las provincias cundió, casi de repente, como una fiebre, el ansia de conocer la capital. ¡Llegar a Lima, ver, aunque fuera por un día, el Palacio, las tiendas de comercio, los autos que se lanzaban por las calles, los tranvías que hacían temblar el suelo, y después regresar! Ésa era la mayor aspiración de todos los lucaninos; desde Larkay, que está adentro, tras las cordilleras, entre los grandes ríos que van a la selva, hasta Alaramante y Saisa, que colindan con la costa.
Para Lima arreaban los principales, los cientos de novillos que hacían engordar en los alfalfares de la quebrada; para Lima eran los quintales de lana que los vecinos juntaban en las punas, a látigo y bala; para Lima eran las piaras de mulas que salían de las minas de Papacha don Cristián. De Lima llegaban las ruedas de cigarros finos y ordinarios que colgaban de todos los mostradores de las tiendas; de Lima llegaban las telas que llenaban los armarios de los comerciantes; de Lima venían las ollas de fierro, el azúcar, los jarros y los platos de porcelana, las botellas, las cintas de color, los confites, la dinamita, los fósforos…
Por el Kondorsenk’a había que subir para ir a Lima, por esa cumbre azul que se levantaba, lejos, en el comienzo de la quebrada, allí donde el sol amarillo del anochecer brillaba todavía, cuando la quebrada oscurecía. Y tras del Kondorsenk’a había una pampa grande, donde se morirían, de regreso, los comuneros que llevaban «enganchados» a la costa; Galeras pampa, donde caía la lluvia, negra, entre truenos y sonando como un repunte sobre las cumbres. Y de allí, habría que cruzar aún las lomas secas, donde los «enganchados» «cansaban» para siempre, con la sed y la cuesta; y después, las arenas, la pampa de Tullutaka, en que el camino está orillado de cruces que señalan los huesos de los tercianientos. "



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