César Moro entre Lima, París y México (fragmento)André Coyné

César Moro entre Lima, París y México (fragmento)

"No definitivo a la realidad de los realistas, de lo cual puedo testimoniar —en razón de nuestra frecuentación cotidiana a partir de diciembre de 1948— que Moro lo tuvo sin desfallecimiento, desde esa terraza sobre el mar, en Barranco, cerca de Lima, desde donde por encima de los ficus y las palmeras, miraba dormir las islas del Callao, como grandes tortugas divinas. Ya que su desacuerdo con el mundo humano, cada día más inhumano, era el signo de un acuerdo de otro orden con otro mundo en ese mundo que la mirada desaloja a través del “muro de agua” del horror y que acuchilla —como en un poema de Villaurrutia— con “las cinco letras del deseo”, ya que “la verdad no sale del pozo; arrastra al que la busca en el fondo”; pero también “en la calma de la tarde, los pescados saltan fuera del agua; se zambullen en el aire; se bañan”: “Se da todo para no tener nada. Siempre para empezar de nuevo. Es el precio de la vida maravillosa”. El “habrá una vez de la poesía se cumple así cada vez que el poeta mira “de toda eternidad a Dios en su puerta que no (está) detrás de ella, él que no (es) uno en ella.” El alejamiento del Surrealismo de Bretón traducía su experiencia de la soledad a la manera de Baudelaire. Moro había trazado al fin la frontera, la más precisa entre esas horas que perdía para ganarse la vida derrochándola en clases de francés en las cuatro esquinas de una ciudad extraviada y extraviante, y esas otras cuando, abandonada la máscara, atravesaba las “maravillosas tempestades”, “orgulloso de zambullirse en la desesperación”, apenas un sol se asomaba en la noche, le sonreía “triturando su corazón”. "


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