Reloj de sol (fragmento)Carmen Quidiello

Reloj de sol (fragmento)

"La poderosa “Iberia” tal, como una moderna deidad alada, comanda sus naves aéreas en el mundo indoamericano y un retraso de media hora en el itinerario de enlace supone que se nos cierre la ruta por una semana hasta coincidir en día y hora con una salida de acceso al lugar de destino. (Hermes se nos manifiesta entonces como un Júpiter tonante, inflexible e inapelable). Así de simple es la pequeña historia de un trasbordo no logrado —para no usar la palabra que este incidente nos permitió vivir aunque brevemente una realidad exultante—, huida hacia atrás y hacia delante: preciosa por cuanto tiene —además— de evocación y de sugerencia.
Llegamos a Nicaragua (nadie nos espera por cuanto la espera había sido planeada para una semana anterior), pero salimos airosamente del aeropuerto gracias a una conjunción feliz de circunstancias no propiamente especiales, pero sí propicias.
Llegaremos a la casa donde nos acogerán hospitalariamente amigos de amigos y, sin más trámites, desde ese minuto empezamos a sentir a Nicaragua por todos los poros. Lo primero que sentimos es el intenso calor de tierra adentro de esta zona continental en estos precisos meses del año. Son los últimos días de la estación seca: seis meses de cada año. Días duros, casi angustiosos. Pero se trata de un reto adscrito al viaje y nos proponemos superarlo con gracia y decoro. Además que suponemos que no nos faltará en algún momento el alivio de un aire acondicionado, y en verdad, en llegando ahí lo tenemos.
Después vienen los sondeos amistosos de cómo emplear el tiempo de la mejor forma posible para que podamos llevarnos aunque sea una imagen a vuelo de pájaro de lo que nos rodea: pueblo y paisaje. Nos dejamos llevar por manos que sentimos desde ya amigas y gentiles y empieza una química del espíritu que nos parece cercana a la magia… una magia blanca y sin propósitos ocultos: la del dar y tomar, la de expresar y compartir opiniones, experiencias, sentimientos, comprimido todo en frases apretadas como para ganar tiempo… Desde el primer momento se establecen códigos —claves rápidas— para que lo que no se diga se entienda tanto —igualmente— como ha sido dicho. La correspondencia, la inteligencia, la comunicación es instantánea, veraz, equivalente y generosa. La noche, sin embargo, concierta una pausa obligada. "



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