La poesía del pensamiento (fragmento)George Steiner

La poesía del pensamiento (fragmento)

"El desafío crucial persiste: toda esta vileza ¿rebaja, por no decir refuta los principales textos filosóficos de Heidegger o prueba su falsedad? Instintivamente me parece que no, que lo que dijo sobre la aurora que traen los presocráticos, sobre la Sorge («preocupación») y sobre nuestro ser-para-la-muerte conserva su talla. Al mismo tiempo, sin embargo, esa vileza ha hecho que sea más difícil —la inhibición es casi física— leer, vivir con lo que dice sobre Sófocles, sobre Hölderlin, e interpretarlo, y evaluar sus encuentros con Celan. Lo que había de constituir el momento culminante de nuestra argumentación ya no parece del todo accesible. Siempre provisionales, mis preguntas se han vuelto imposibles de responder. Todo lo que puedo hacer es proponer unos pocos marcadores, sabiendo ahora cuán insuficientes son.
Para Heidegger, leer es reescribir; traducir es recrear. El tratado filosófico, el poema, son instigaciones. Invitan a la apropiación por parte del lector. El acto hermenéutico trata de suscitar las incipientes intenciones del autor. Aspira a hacer manifiestos los impulsos y significados del texto, encubiertos o incompletos, sacando a la luz lo que está entre líneas o, como si dijéramos, detrás de ellas. «Excava» significados de los cuales tal vez el autor no era consciente. No, sin embargo, en algún registro psicoanalítico. Heidegger sitúa el latente, el potencial empuje del significado dentro del lenguaje mismo, en la fundamental paradoja axiomática según la cual no es tanto que «hablemos» como que «somos hablados», según la cual «la palabra posee al hombre» («Das Wort hat den Menschen»). Así, los poderes autónomos del lenguaje, particularmente en la metafísica y en la poesía, rebasan siempre el uso humano y superan el entendimiento total. Es tarea del verdadero lector captar cómo «el interior de la palabra deviene exteriormente inteligible», aunque se percibe que toda aprehensión de este tipo es fragmentaria, inestable e inevitablemente distorsionadora (de ahí la «deconstrucción» derridiana).
Heidegger insiste en el papel creativo de la audición, de las complejas artes del oído, que son obligatorias en todo ejercicio responsable («que responde») de recepción y dilucidación. Tenemos que aprender a escuchar, como hace el músico, las voces de lo no dicho, los profundos ritmos y connotaciones del pensamiento, de las concepciones poéticas antes de que se anquilosen en habla convencional y banal. Esa atrofia define la caída desde el lenguaje adánico y desde las intimidades de los presocráticos con el Ser. En un poeta como Hölderlin todavía se puede distinguir esa audición primitiva, ese oír algo que es «salvaje, oscuro, entretejido» en las fuentes de la palabra. Los ojos del lector tienen que escuchar. "



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