2084. El fin del mundo (fragmento)Boualem Sansal

2084. El fin del mundo (fragmento)

"En ningún momento los dos amigos tuvieron pensamientos subversivos, y menos aún impíos, sólo querían saber en qué mundo vivían, no para luchar contra él, pues eso no estaba al alcance de nadie, ya fuera hombre o Dios, sino para soportarlo con conocimiento de causa, a ser posible para visitarlo. Un dolor que tiene nombre es un dolor soportable, la misma muerte puede ser tenida por remedio siempre que se sepa nombrar debidamente las cosas. Sí, es cierto (y una grave herejía), habían acariciado el sueño de huir de este mundo; una locura, algo imposible, este mundo era tan vasto que se perdía hasta el infinito, ¿cuántas vidas se requerirían para salir de él? Pero así son los sueños, van en contra del principio de realidad; se repetían esta verdad como postulado de que no hay mundo que no tenga límites, porque sin confines se disolvería en la nada, no existiría; y, si había frontera, tenía que poder ser franqueada, más aún, debía serlo a toda costa, hasta tal punto es formidablemente posible que la parte que falta de la vida se encuentre al otro lado. Pero, santo Dios, ¿cómo convencer a los creyentes de que deben dejar de importunar a la vida, que ama y se desposa con quien quiere?
Ati se sentía culpable por haber arrastrado al bueno de Koa a estas quimeras. Se perdonaba diciéndose que su amigo era un rebelde nato, un aventurero de primera que obedecía a una fuerza primordial. Llevaba consigo un gran sufrimiento, la sangre que corría por sus venas le quemaba el corazón, su abuelo era uno de los locos más peligrosos del país: había enrolado a millones de jóvenes mártires en las tres últimas Grandes Guerras Santas, sus mortíferas prédicas se enseñaban como si se tratara de poesía en las midras y las mockbas y seguían inspirando a muchos novios de la muerte. Desde niño, Koa había sentido un odio ciego por este mundo tan pagado de sí mismo. Lo había evitado, pero no bastaba con huir porque en algún momento hay que detenerse y entonces es cuando lo alcanzan a uno y lo acorralan. Ati aborrecía el Sistema y Koa maldecía a los hombres que lo servían, el proceso no era el mismo aunque, a la postre, lo uno no iba sin lo otro y lo normal era desear ahorcar a todos con la misma cuerda. "



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