Griego busca griega (fragmento)Friedrich Dürrenmatt

Griego busca griega (fragmento)

"En algún lugar, el propio Fahrcks pronunciaba un discurso. Un intenso griterío llenaba el aire, mezclándose con silbidos y piafar de caballos, y cuando la policía arremetió con porras de goma y mangueras, los taxis del director general y del marchante también fueron regados (lamentablemente, este último había abierto una ventanilla, sin duda por curiosidad). Pero en ese momento ambos vehículos doblaron a la altura de Vrener y Pott y enfilaron hacia la ciudad vieja entre las maldiciones de sus conductores. Las calles, mal pavimentadas, subían abruptamente entre casas y tabernas ruinosas; grupos de prostitutas hacían señas y silbaban como pájaros negros, y el frío era tan intenso que los automóviles mojados se habían cubierto, hacía rato, de una capa de hielo. Frente al número cuarenta y tres (donde vivía Passap) de la mal iluminada rue Funèbre, bajó Arquíloco, con sus rosas blancas todavía bajo el brazo, como de un coche de cuento de hadas, guarnecido de sonoros y relucientes carámbanos de hielo. Dijo al taxista que esperara y, asediado por golfos que se aferraban a sus perneras, penetró, pasando ante una portera borracha y con cara de malas pulgas, hasta el interior de la vieja casona y empezó a subir una escalera sin fin de peldaños tan podridos que, más de una vez, se hundieron bajo sus pies y él quedó colgado en el vacío, agarrado al pasamanos de madera. Penosamente fue subiendo de piso en piso, con astillas en sus doloridas manos, casi a oscuras, deteniéndose en cada una de las viejas puertas por si veía el nombre de Passap en alguna, teniendo tras de sí el aliento de Nadelör, en quien aún no había reparado. Hacía un frío atroz en la escalera, en algún piso aporreaban un piano y, en otro, una ventana se abría y cerraba continuamente. "


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