Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma (fragmento)Herta Müller

Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma (fragmento)

"El rectángulo de sol se había asentado por completo en el suelo, pero no había tocado los pantalones prestados, aún no. Yo tampoco los toqué. En el apartamento reinaba ese silencio que a uno lo agranda desde el suelo hasta el techo, donde uno no puede estar. Mejor hubiera sido incluso que un plato se cayera de la mesa, o un cuadro de la pared, como si papá volviera a morirse. Con manos vacilantes me dirigí a la habitación atravesando el rectángulo de sol y cerré la ventana, pero antes miré fuera: en un lugar de la acera donde a ninguna persona normal le estaría permitido aparcar, había dos personas sentadas en un coche rojo, una de ellas agitaba las manos, la otra estaba fumando. Fui de la habitación al vestíbulo, a la cocina, al vestíbulo. Conozco este ir y venir, en el que uno olvida lo que quería hacer justo antes de que se le ocurra. Ir y venir con pasos que se arrastran o avanzan como en zancos, alejándose a toda prisa de donde está la nariz. Tiré los zapatos de novia en el cuarto trastero y cerré la puerta. Cogí las sandalias de Paul y les quité las telarañas. En la suela derecha había una mora aplastada. Por ella, pero también por el coche rojo, todo me cayó de pronto encima: el último verano a orillas del río, la desnudez de Paul después de la ducha en la fábrica, nuestro baile en el vestíbulo, el ademán brusco con que me arrancó las tijeras de la mano.
Sería mejor que las cosas mismas estuvieran en nuestra cabeza para tocarlas, en vez de los pensamientos, sobre los cuales lucubramos infinitamente. Gente de la que deseamos apoderarnos o deshacernos, y objetos que hemos conservado o perdido. Hay un orden: en el centro de la cabeza está Paul, y no mi aferrarme a él con las uñas y alejarme de él en el mismo amor. Por las sienes avanzan las aceras a su antojo, y en las mejillas quizás estén las tiendas con escaparates, no mis inmotivados objetivos en la ciudad. En el occipucio, esto es inevitable, en el occipucio está el recadero de Albu, que posiblemente esté sentado abajo, en el coche rojo, antes de llamar aquí y citarme. De viva voz, para que yo tenga miedo de equivocarme de fecha porque Paul o yo no escuchamos como es debido. Pues sí, mejor estaría el recadero personalmente en mi occipucio, en vez de su voz baja, que se introduce devoradora y cuando él vuelve a presentarse ante mi puerta aún sigue dentro de mí desde la vez anterior. En la nuca están el puente del río y mi primer marido con la maleta, aunque no la intención de saltar. Y en el cerebelo, de donde se piensa que viene el equilibrio, hay una mesa sobre la que descansa una mosca, en vez de la cena sin hambre. Todas cosas concretas, que en la cabeza sólo necesitan el lugar donde están. Superficies y aristas que uno puede repartirse según la carga y diferenciar sin esfuerzo. Y en los espacios intermedios hay cabida para la felicidad. "



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