Tétanos (fragmento), de Dame tu corazón Joyce Carol Oates

Tétanos (fragmento), de Dame tu corazón

"La pizza no tardaría en llegar, y la Coca-Cola; serían de ayuda. Uno de los guardias llamaría a la puerta con los nudillos: «¿Señor Zwilich? Su pedido». César observaría cómo el asistente social pagaba la comida, cómo los billetes salían de la cartera de Zwilich en una muestra de generosidad. La de compartir una comida con un cliente, en esas estrechas dependencias, era habilidad de Zwilich, una maniobra amistosa, íntima pero no excesivamente familiar. Uno sentía el impulso de alimentar, de nutrir, a un niño como César, que tenía que estar muerto de hambre.
Al pensar en la pizza, Zwilich sintió el leve cosquilleo de una náusea. La carne flácida de su cintura acumulaba la grasa debido a la ingesta de cerveza y whisky; un secreto, pues era un hombre esbelto y larguirucho, todavía con buen aspecto, de casi metro ochenta y setenta y siete kilos de peso, proclive a pequeños gestos de vanidad: alisarse los hirsutos pelos de la barba, pasarse los dedos por el cabello cortado al cepillo, para comprobar si —¿sí?, ¿era evidente?— las profundas ojeras violáceas sugerían noches insomnes, o haber estado bebiendo hasta bien entrada la madrugada, repasando sin descanso la televisión. El primer bocado de queso gomoso, salchicha grasienta italiana y la masa chamuscada pero viscosa de la pizza le produciría repulsión, y su sed no era de Coca-Cola dulce como jarabe.
Ella lo amaba, había dicho. Pero no quería hundirse con él, y él había contestado: «Pero pensaba que me amabas», con la voz más lastimosa posible, y ella, retrocediendo para que no pudiera tocarla, para que no pudiera arrastrarla hacia él, desequilibrándola, como en una torpe danza, había dicho: «¡Te quiero! Pero, maldita sea, no tengo intención de ahogarme contigo». El alcohol…, las adicciones de cualquier tipo, incluida la nicotina, y los analgésicos comunes eran más difíciles de vencer para las mujeres que para los hombres; debía de ser algo bioquímico, genético. Zwilich detestaba que su mujer le tuviera miedo, la primera vez que la vio, en un bar en New Brunswick, en una reunión de estudiantes de medicina, Sofía estaba bebiendo whisky solo. Se quedó impresionado por su belleza, su boca sensual y firme y su acusada presencia física. Ver a una mujer bebiendo whisky excitó a Zwilich, pues eso era algo poco frecuente, al menos por lo que él sabía, y a menudo preludiaba un encuentro sexual, algo que sucedería con esa mujer cuando se convirtió en su esposa. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com