Las redes humanas: una historia global del mundo (fragmento)William McNeill

Las redes humanas: una historia global del mundo (fragmento)

"Lo que parece que sucedió es que ciertos territorios de una riqueza y una diversificación poco frecuentes fueron elegidos por las comunidades de cazadores y recolectores como lugares de asentamiento permanente durante todo o casi todo el año, con lo que los métodos ya conocidos de fomento del crecimiento de plantas útiles adquirieron un alcance mayor del que tenían hasta entonces. Desde hacía mucho tiempo los cazadores y recolectores estaban acostumbrados a utilizar muchas plantas diferentes para fines diversos. Las fibras vegetales proporcionaban prendas de vestir, redes, cuerdas de arco, etc. Las medicinas y los venenos elaborados con hierbas y las drogas que alteraban el estado anímico eran muy apreciados, y lo mismo cabe decir de la nutrición que proporcionaban algunas plantas. Siempre que las comunidades fijaban un lugar, convenía que éste fuera un sitio cerca del cual creciesen plantas especialmente útiles. Donde quiera que el suelo y el clima permitieran el florecimiento de semillas y esquejes seleccionados surgían nuevos huertos, que, a su vez, podían ampliarse luego hasta proporcionar la mayoría -y con el tiempo casi todos- de los alimentos y productos vegetales que necesitaban los seres humanos.
Seguramente desde tiempos muy antiguos se sabía cómo se reproducían las plantas; pero mientras los grupos humanos errantes consumieron los alimentos que encontraban a mano y los compartieron entre todos sus miembros, el esfuerzo extra necesario para cultivar huertos careció de atractivo y, sobre todo, el almacenamiento de semillas para la cosecha del siguiente año fue poco práctico. Sólo cuando las unidades familiares se convirtieron en consumidores independientes de alimentos se hizo posible el despegue de la agricultura. Es muy probable que este cambio fuera consecuencia de la vida sedentaria. Resulta fácil imaginar que siempre que empezaban a crearse huertos alrededor de sus viviendas, las mujeres adquirían un sentido de la propiedad personal y familiar que se basaba en el sudor de su trabajo y en la proximidad del huerto al hogar. Sólo cuando este principio reemplazó el carácter distintivo de las comunidades errantes, basado en el hecho de compartir, fue posible el nacimiento de la horticultura y la agricultura. "



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