La pirámide (fragmento)Antonio Pereira

La pirámide (fragmento)

"Hay quien cree que la culpa fue de los escritores. Hubo un filósofo que dijo que en este pueblo entre montañas solo se puede mirar al cielo y los poetas locales llevan muchas celebraciones y muchos opúsculos metiéndole a la gente estas ideas. Y los programas de las fiestas, que a los que viven lejos los encienden cada año con el recuerdo de la procesión, las esencias, el santo Eccehomo. Yo volví por una postal de nuestro parque, que la tuve años en mi cuarto de la Barceloneta y una mañana las mimosas de la fotografía olían como si fuesen al natural. Los que empezaron a regresar después que el vizconde y que yo, a saber por qué volvía cada cual. No era, no, el retiro de los que llegan a la edad y quieren disfrutarla al pie del último viaje, que eso siempre lo hubo. Fue un flujo incesante, casi precipitado, de oriundos que en ciudades ajenas desbarataban su negocio o anticipaban con ansia su jubilación, quedándose con casi nada. Muchas veces, absolutamente sin nada. Algunos tienen mujer; las mujeres se quedan en aquellas ciudades extinguiéndose en casas de renta antigua, indiferentes o apáticas para gestionar la incapacitación del pródigo. ¡Pero cómo llegan ávidos, hambrientos de recobrar las raíces, repartiendo abrazos y fidelidades!
[...]
Producen poco, pero es verdad que los vemos con sus carpetas, van a la gestoría de la plaza, declaraciones. El alcalde habló de las residencias. Una hora hablando de las residencias, de la tercera edad. Estaba encendida la calefacción. Todavía seguían llegando los retrasados, los que ya no gastan reloj, se arrimaban a las paredes del salón de sesiones y no era raro descubrir en sus actitudes la dignidad de quien había sido profesor, o censor jurado de cuentas; un miembro de la Rota, incluso, que había renunciado a su buen cuarto individual en la Mutual del Clero en Madrid.
Cuando el alcalde terminó de hablar se limpió el pantalón vaquero manchado de tiza. Miró el salón que seguía llenándose, y se le notaba como un miedo. Mandó que nos obsequiaran con unas manzanas, parecían de las caídas del árbol. "



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