Memorias de Úbeda (fragmento)Manuel Iglesias Ramírez

Memorias de Úbeda (fragmento)

"El monstruo seguía avanzando. En su lucha contra liberales y demócratas del viejo continente sólo había encontrado como valladar y dique a sus legítimas aspiraciones, la ayuda de los vencidos en las luchas contra él. Esto, que parece paradójico, es una verdad incontrovertible; proclamada por Ortega y Gasset en su magnífico artículo «Sobre el fascismo–Sine ira et studio». Es una abstracción –dice Ortega– hablar de la fuerza de un Ejército. La fuerza de un ejército depende de la del otro, y uno de sus ingredientes es la debilidad del enemigo. Y así ocurrió. Frente a la acción destructora, solapada y cruel del monstruo, sólo se levantó la inacción de liberales y demócratas. Hasta que la bestia tendió uno de sus tentáculos hacia España.
España que inició la contrarreforma. España que parió un mundo nuevo. España que creó la palabra «liberal» y que derrotó a Napoleón, era algo superior y distinto a toda la Europa occidental, decrépita y en ruinas.
Y una calurosa mañana de julio un grupo de jóvenes desarrapados y sucios, empuñaron unos viejos fusiles –tan viejos como la adarga y el lanzón del símbolo de la raza, Alonso Quijano el Bueno– y en las crestas de Guadarrama, en las calles de Madrid y Barcelona, en los llanos extremeños y en el barrio trianero de Sevilla –filigrana de oro viejo en la forja del negro diamante del Sindicato del Puerto– iniciaron la terrible lucha, el inconmensurable encuentro, el choque apocalíptico.
Los campos se cuajaron de rojas amapolas –sangre del pueblo eterno– y de negros cuajarones del gigantesco sapo. La lucha sin igual y fantástica sigue a los dos años de comenzada. Pero la aurora blanca que delicadamente arrastra a las verdes estrellas, se aproxima.
Hermanos atended. Escuchad amigos. La batalla va a llegar a su fin. El monstruo morderá el polvo de coraje y de impotencia. Y la estrella roja, la que fue daga deshaciendo arterias, se envolverá en el opal cobalto de la tarde morena de España. Luego, por nuestros muertos, un duelo de trabajos. Yunques sonad, enmudeced campanas. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com