Historia critica del asesinato cometido en la persona del gran mariscal de Ayacucho (fragmento)Antonio José de Irisarri

Historia critica del asesinato cometido en la persona del gran mariscal de Ayacucho (fragmento)

"No pudo, pues, pasar por Otábalo sino el 23 ó el 24, y no ya el 25, porque no le quedaba tiempo para llegar el
27 al anochecer á Pasto, siendo así que no se andan por aquellos caminos cerca de cincuenta leguas en cuarenta y tres horas, sin descansar; ni hay caballos que resistan semejante viaje, ni jinetes que no necesiten de reposo.
Pero aunque baste lo dicho para echar por tierra el testimonio del capitán Plaza, consideremos todavía otros absurdos que contiene y lo desacreditan, haciéndolo inadmisible. Cuando aquel testigo hubiese tenido toda la luz del sol en el más claro día, no habría podido ver sino una cosa que no era fácil de creerse, porque siempre es preciso que descubramos algún fin en las cosas que se hacen. Y ¿cuál pudo ser el que se tuvo para disfrazar á aquellos soldados de una manera tan ridícula y tan torpe?
Quiere hacérsenos creer que se disfrazaban aquellos hombres para que no se conociera que eran soldados; y para esto se supone que se echan unas ruanas encima, y cambian los morriones por sombreros y se cubren las caras con pañuelos; pero llevan las carabinas y los sables á la vista, pudiendo llevar estas armas bien ocultas. ¡Excelente invención para no dar á conocer que son soldados disfrazados! Se disfrazan éstos, y el coronel que los conduce va con su cara descubierta, diciendo por todas partes: Vean ustedes esos disfrazados con que voy á hacer una cosa que no debe dejar ninguna sospecha contra mí.
¿No es esto ciertamente inconcebible? ¿No es necesario carecer de sentido común para inventar una torpeza semejante? Y se quiere que esta torpeza fuese cometida por el astuto, por el intrigante, por el malicioso general Flores, por aquel hombre á quien sus enemigos nos pintan ocupado incesantemente en combinar las más pequeñas circunstancias para el logro de sus fines.
Pues si aquel general era astuto, si era un ejercitado intrigante, si era un hombre malicioso, es preciso que el que quiere hacerle cometer las tonterías que nos cuentan, sea bien imbécil, bien estúpido, para no advertir que sus invenciones carecen de sentido común y que no son propias del hombre á quien tratan de atribuirlas. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com