Diario de un sacerdote (fragmento)Sigbjørn Obstfelder

Diario de un sacerdote (fragmento)

"El misterio de la vida moderna. El hombre ha devenido en una nueva creación. Su corazón late de forma diferente, la cadencia rítmica es disímil. Anteriormente la gente permanecía encadenada aún a cierto rictus. Crecían como plantas y flores. En la actualidad son arrancados de sus raíces. Se hallan cercanos a emprender el vuelo. Pero aún no son pájaros. Ése es el motivo de que su aleteo parezca propio de aves enfermas y próximas a la muerte.
Noto su omnipresencia aquí, en mi habitación. Es terrorífico. ¿Por qué no habla, por qué no me llama por mi nombre? ¿O tal vez me esté llamando? ¿Acaso esté pronunciando mi nombre, noche y día, cuando me retiro a pernoctar o al levantarme al alba? ¿No sonará el eco de su voz dentro de mi propio ser? ¿Permanece oculto en algún recóndito páramo de mi propio ser? Percibo que siempre hay algo en mi interior, observándome. Y recuerdo dos instantes de mi vida cuando daba la impresión de que un ojo estuviera escrutando incluso las nimiedades de mi ser, un ojo más viejo que mi propio ser, mayor que mi propia madre, mirándome, contemplándome.
Quizás se trata de un mandamiento que deberíamos tener muy presente, concerniente a la vida y la muerte. No sólo ver, sino sentir en lo más íntimo de nuestros corazones esa bondad que rebosa. Y sentir también ese terror reverencial que hace que nos prosternemos y olvidemos nuestra insignificancia. Porque nosotros mismos encontramos en la vida excelsa un ser tan jubiloso y dotado de un poder tan espléndido que temblaríamos de puro éxtasis si pudiéramos sentir el rastro más débil de su presencia omnímoda. "



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