Viaje a Oxiana (fragmento)Robert Byron

Viaje a Oxiana (fragmento)

"La carretera de Karokh prosiguió por una región ondulada y cubierta de hierba, dividida por el cañón del río. Nos cruzamos con una tribu de kazakos, gente de cara achatada que va montada en caballos, asnos y bueyes. En un solitario caravasar, dos camioneros que regresaban de Andkhui nos dieron noticias del estado de la carretera. No eran muy alentadoras. El río, reducido ahora a un simple arroyo, nos llevó finalmente por uno de esos interminables valles serpenteantes, donde los salientes de ambos lados se alternan a la manera de dos ruedas dentadas. Después de recorrer treinta y dos kilómetros, salimos de él subiendo hacia la cara norte. Al llegar a la línea de nieve, el camión se quedó parado, mientras las ruedas seguían girando como batidores de huevos.
Pero íbamos bien pertrechados. Montones de cadenas, tres palas, un pico y cuerdas resistentes para evitar que el camión cayera por el borde del precipicio entraron de inmediato en acción. Recorrer los dos kilómetros que siguieron nos llevó cuatro horas. Unos cavaban, otros tiraban de las cuerdas, otros extendían ramas de una hierba que olía a menta como si lo hicieran ante el pollino del Redentor. El día estaba a punto de acabar cuando un zigzagueante tramo nos llevó, entre gritos de ánimo, al estrecho paso del collado de Sauzak.
A unos ochenta kilómetros, y a través de la menguante luz, se divisaban las murallas de la tierra prometida: Band-i-Turkestan, un muro montañoso de cumbres planas que llegaba hasta el Hindu Kush. Racimos de nubes doradas flotaban hacia un cielo que presagiaba tormenta. Acumulaciones y pináculos de rocas desnudas de color rojizo, hacían guardia por encima del paso. La humedad de la cara norte se anunciaba a través de los enebros, centinelas solitarios y maltratados que convergían en los bosques de las lejanas lomas. "



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