La novia llega a Yellow Sky (fragmento)Stephen Crane

La novia llega a Yellow Sky (fragmento)

"El hombre rugió e hizo girar sus revólveres en todas las direcciones. El perro del cantinero de la cantina de los Caballeros Cansados no había captado el desarrollo de los acontecimien­tos. Todavía seguía dormitando frente a la puerta de su dueño. A la vista del perro, el hombre se detuvo y alzó su revólver con expresión jocosa. A la vista del hombre, el perro se levantó de un salto y se alejó en diagonal, malhumorado y gruñendo. El hombre lanzó un alarido y el perro emprendió un galope. Cuando se disponía a entrar en un callejón se produjo un fuerte ruido, un silbido y algo hizo saltar la tierra justo frente a él. El perro aulló y, girando aterrorizado, se precipitó al galope en una nueva dirección. Se produjo nuevamente un ruido, un silbido y la arena chispeó perversamente frente al perro. Agobiado por el miedo, el perro dio vueltas y se agitó como un animal acorralado. El hombre se quedó riendo, con las armas apoyadas contra las caderas.
Finalmente, el hombre se sintió atraído por la puerta cerrada de la cantina de los Caballeros Cansados. Se dirigió hacia ella y, golpeándola con un revólver, pidió bebida.
Como la puerta permaneciera imperturbable, levantó un pedazo de papel de la calle y lo clavó en el marco con un cuchillo. Luego volvió la espalda con desdén a ese popular punto de reunión y, caminando hacia el lado opuesto de la calle, rápida y ágilmente giró sobre sus talones y disparó en dirección al pedazo de papel. Erró el blanco por media pulgada. Se maldijo a sí mismo y se alejó. Más tarde, disparó tranquilamente una descarga cerrada contra las ventanas de su amigo más íntimo. El hombre se divertía con este pueblo; era, para él, un juguete.
Pero, con todo, nadie había aceptado su de­safío. El nombre de Jack Potter, su viejo antagonista, le vino a la mente, y llegó a la conclusión de que sería agradable dirigirse a la casa de Potter y obligarlo, mediante un bombardeo, a salir y pelear. Se puso a caminar en dirección a su meta, ento­nando un canto de guerra apache.
Cuando llegó allí, la casa de Potter presentaba el mismo frente silencioso que habían presentado los otros adobes. Tomando una posición estratégica, el hombre lanzó un grito de desafío. Pero la casa lo contemplaba como podría haberlo hecho un dios de piedra. No dio señales de vida. Después de una módica espera, el hombre lanzó otros gritos de desafío, matizados con asombrosos epítetos. "



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