Una rosa para Morrison (fragmento)Christiane Rochefort

Una rosa para Morrison (fragmento)

"Los alumnos lograban pasarse los mensajes, redu­ciéndolos al mínimo, entre dos golpes y mientras pasa­ban todos amontonados por la puerta. La vigilancia absoluta es imposible. Mientras no puedan ofrecerse un vigilante por cada mocoso, éstos lograrán burlarlos. Y no se puede. A partir del gran terror escolar, se instalaron cuatro por clase, pero cuatro por clase de ochenta no es suficiente. Además hay que buscar quien quiera encargarse de este sucio trabajo. A lo único que puede aspirarse es a vigilarlos de lejos y a apretarles de vez en cuando los tornillos. Lo que no significa la garantía moral soñada, basta oír el vo­cabulario de los mocosos, evidentemente los golpes no llegan a la lengua. Siempre lo mismo, contradicciones por todos lados, no hay manera de cambiarlo "com­pletamente y de una vez por todas" según el eslogan oficial. Siempre queda algo que desentona. Un te­rror mutualista reina en las escuelas, cualquiera que sea la Clase Social. El hombre nace canalla, se diría que: Déjesele libre a sus instintos y no se dirigirá al orden sino al completo desordenamiento. No hay que soltarle las riendas. Ay. Y cuatro para golpear ochenta desencadenados no es suficiente. El hombre tira al desorden caótico, pensó: Escombros en el fon­do de su oficina examinando el triste balance de la operación Stadium. ¿Habrá que decir Estadius? En todo caso, se acabó, hay que reconvertirlos a la uti­lidad pública y hacer Espacios Verdes de juegos. Bella expresión. Por lo menos ningún problema de plura­les. ¿O habrá que decir Espacios Verdes de juego? El Venerable de los menores y los débiles aprieta un botón y reclama cuál es el estado del enrolamiento de la Neomilicia. Estado lamentable, según parece hay sobreempleo, todo el mundo tiene trabajo. Son increíbles los trabajos que han podido inventar los de Estímulo y Expansión, todo reposa en este hecho. Debe haber algún tipo de izquierdecha metido ahí. Lo que antes era absolutamente imposible a colocar, Ruinas lo ha canalizado en los cuerpos de rastreros, ejecutores, agentes y clandes. Escombros se pregunta si no habrá que bajar la edad del enrolamiento de 25 a 22 años. Quizá sea sugerente: el enrolamiento valdría al enrolado una emancipación precoz. Escom­bros está feliz y orgulloso consigo mismo, ha puesto una idea acompañada por su coc coc codificación del ejército particular de lame suelos que se precipita a recoger el huevo y a ponerlo en incubación electró­nica, de donde saldrá ya impreso y listo para su difusión. No falta más que la paráfrasis de Senil. Pero Senil no tiene fe. En realidad siente un terror pánico ante un posible despertar, hasta ha llegado a pensar que si fuese necesario, ordenaría napalmear los cuar­teles de Neomilicias. Escombros se acomoda en su silla, piensa un poco en su colega el Venerable Uli­ginoso y en su operación Leteo para niños precoces, desviados, desflorados, mal programados, mal ense­ñados, mal educados. ¡Diabólica astucia ese lavado precoz! Los que pasan por ahí no podrán hacerle más tarde daño al país. En el Porvenir las cosas serán más fáciles, el Porvenir tiene suerte, el tiempo y las cien­cias trabajan en su favor. "


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