Nona (fragmento)José Selgas

Nona (fragmento)

"Muy bien; pero somos curiosos, nos gustan las cosas con pelos y señales, y tenemos derecho a saber su nombre y apellido. ¿Y para qué? Ahí está el acta de su elección, porque las papeletas de la candidatura depositadas en la urna fueron quemadas inmediatamente después del escrutinio. Más ¿Qué nos importa su nombre? Désele uno cualquiera. ¡Hay tantos que poderle dar! Contentémonos con saber que es Diputado. Su naturaleza, después de todo, era la naturaleza humana; su vecindad, dudosa, porque activo, movible, impaciente, no acierta a estarse quieto en ninguna parte, viniendo a resultar que casi no tiene domicilio fijo; su casa siempre es la mejor fonda, con lo cual consigue tener buen hospedaje en todas las capitales del mundo; su profesión, se ignora; sus bienes de fortuna no constan anotados en ningún registro de la propiedad; pero indudablemente es hombre que sabe, porque habla de todo; y debe ser rico, porque gasta como un potentado. En cuanto a su familia, es seguro que ha de andar reñido con ella, pues nunca la nombra. ¿Se quieren más detalles? Vamos a darlos.
Si se tiene en cuenta el ligero ceceo con que pronuncia las palabras, el desparpajo de sus chistes, la prontitud de sus respuestas y la soltura de su lengua, hay que tomarlo por andaluz; mas no debe perderse de vista que anima el relato de sus cuentos, siempre que el caso lo requiere, imitando al pie de la letra el áspero acento de los catalanes, el dejo sobón de los aragoneses, la desabrida modulación de los valencianos y la cadencia llorona de los gallegos. En este género de imitaciones era un prodigio.
Suele haber días que amanece más temprano, y son aquellos en que la primera luz de la mañana nos trae algún acontecimiento extraordinario, que el temor o el deseo nos anticipan, porque acontece que el temor y el deseo no nos dejan dormir tranquilos, y nos despiertan antes que las dudosas claridades del alba anuncien la proximidad del nuevo día. Ése debía ser el motivo que ocasionaba el movimiento interior que se advertía en las principales casas del pueblo en la madrugada del día siete de marzo de mil ochocientos y tantos.
En medio de la oscuridad con que la noche envolvía la antigua villa, llamémosla así, de los Remedios, en el tranquilo silencio de sus calles desiertas, se echaba de ver que no todas las familias del pueblo dormían a pierna suelta, como era costumbre en las madrugadas de los días ordinarios, porque a través de los postigos entornados se escapaban rayos de luz que iban a reflejarse en las paredes de enfrente, o se desvanecían en las sombras a lo largo de las calles. "



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