Cuentos sobre Alicante y Albatera (fragmento)Jorge Campos

Cuentos sobre Alicante y Albatera (fragmento)

"Había ascendido por méritos. Llevaba toda la campaña a cuestas: columna gallega hasta Oviedo, una herida en la pantorrilla en la recuperación de Belchite, Teruel, Castellón. La línea frente a Valencia.
Le gustaba llevar un bastón rústico, acabado en cachiporra. Con él daba a las matas, a las piedras. También solía hacer un pequeño gesto chupándose los labios, para escupir después hacia un lado una salivilla breve, dirigida certeramente.
La guerra empezó a acabarse de repente. Y él también empezó a pensar en la vuelta a casa. Pero recibió la orden de un nuevo servicio: custodiar a los rojos prisioneros.
Los rojos. La palabra seguía repitiéndose desde que movilizaron a su quinta. A pesar de que los periódicos los llamaban así, la propia marcha de la guerra los había ido convirtiendo en «los otros de al lado», «los de enfrente». Pero volvían: los rojos, todos juntos, atrapados en el puerto de Alicante, cuando querían escapar al extranjero, con todo lo que habían robado.
Estaba en la entrada del campo cuando llegó la ancha columna. Allí, de pie junto a la ametralladora que servían dos soldados, apoyado en su cachaba, escupiendo de vez en cuando, inmutable, apoyado más que en su garrota en su superioridad. La columna se había detenido al llegar hasta el fondo del campo de los primeros presos. La columna se perdía a lo lejos, cerca de la estación. Los miraba con curiosidad. Podía mucho la palabra «rojos». Allí formados -mal formados- había militares, pero también muchos paisanos, muchachos y viejos. Los miraba con curiosidad: gentes mustiadas por el cansancio, el hambre, la marcha, tranquilos y hasta con altivez alguno de ellos. No tenían nada especial ni respondían a lo que le leyera algún compañero. Eran muchos, pero eran «los de enfrente», aprisionados ahora. Indefensos. Inofensivos. "



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