En un reino junto al mar (fragmento)Olga Lariónova

En un reino junto al mar (fragmento)

"Desde luego, Volojov podía seguir hablando, pero esto no cambiaría nada: nunca jamás volvería a ver a Firat. Los de aquí no necesitaban la Tierra. Sin embargo, su largo relato acerca de la Tierra le devolvió la seguridad en sí mismo. Y ahora que no le quedaba sino dar media vuelta para regresar a su nave, todos aquellos milagros que acababa de presenciar —la escafandra cortada, las palmitas de oro y los demás— aquellos milagros de la niña perdieron de repente su importancia. Aquí, en este reino ignoto junto al mar, él iba a dejar para siempre a una chica descalza llamada Firat. Para siempre... Volojov se inclinó sobre ella y ella hizo lo que hubiera hecho en su lugar cualquier muchacha terrícola: cerró los ojos.
Los labios de ella eran ásperos y resecos. Tan ásperos y tan resecos que Volojov quiso tocarlos después con el dedo, para comprobar que en verdad podían serlo. Pero no se atrevió. Lo único que hizo fue deslizar la mano por su pelo enmarañado, separar un mechón largo y fino y echarlo como un lazo en torno a su moreno cuello. Ella seguía sin abrir los ojos.
Volojov dio un paso atrás y media vuelta para ir a su nave. A sus espaldas, inmóvil, los brazos caídos y los ojos cerrados, permanecía de pie Firat...
El sol se tornó gris-azulado y, sin descender hasta el horizonte, empezó a disolverse lentamente en una niebla color gris que se elevaba a su encuentro desde la superficie del mar, ya algo más frío hacia la noche. La arena bajo los pies devino completamente oscura. Firat dio unos pasos y se paró. No, esto no podía ser, no debía ser: era increíble que ella no hallase lo que buscaba.
Se arrodilló y se puso a deslizar la mano por la húmeda arena. Las olas se acercaban furtivas, tocando los dedos de la chica. Oyó unos pasos tan solo cuando ya se habían aproximado. Entonces, al levantar la cabeza, vio a su padre. "



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