La comida de los notarios (fragmento)Paul-Auguste Arène

La comida de los notarios (fragmento)

"Cada año, en efecto, cuando el sol de mayo hace brillar en el campo las hojas nuevas, los notarios del distrito, los de la ciudad y los de las aldeas, se reúnen fraternalmente alrededor de una mesa.
Es una costumbre antiquísima.
Los señores notarios no se juntan así, como pudiera creerse, para estudiar en cónclave las bellezas secretas del código, ni para buscar la mejor manera de defenderse de esos buenos campesinos que, cansados ya de ver la rapidez con que los impuestos, las ventas y las herencias van convirtiendo lo mejor de sus fortunas en papel sellado, comienzan a soñar en lo conveniente que sería introducir algunas reformas en la ley de procedimientos; no, los notarios se juntan para comer, nada más que para comer, pero para comer bien, eso sí.
El banquete no se paga con el producto de una suscripción, sino con el producto de un impuesto: cada notario está obligado a depositar en la "caja de la comida", durante todo el año, diez céntimos por cada contrato que legaliza, por cada testamento que recibe, por cada "número", en fin, como dicen ellos mismos; y cuando el tiempo y los buenos negocios han convertido esos millares de centavos en centenas de francos, los señores notarios se reúnen para comérselos en algunas horas. Naturalmente entre ellos hay algunos que dan mucho y otros que dan muy poco; eso depende de la importancia de cada uno, pero el día del banquete todos son iguales y el que más come es el que más apetito tiene.
Así, pues, el martes de la semana pasada, a las doce en punto, los habitantes de la ciudad vieron pasar, con envidia, a los cinco notarios principales, al conservador de las hipotecas y al secretario del tribunal, que acababan de salir del Círculo y que atravesaban las calles dirigiéndose al Sol de Oro. Los siete caballeros tenían los labios húmedos y el alma alegre; la perspectiva de los manjares apetitosos y perfumados, de las criadas sonrientes y amables, del mantel blanco y almidonado, de las copas finas, de los panecillos tostados y de las servilletas artísticamente colocadas sobre los platos, los llenaba de júbilo. "



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