Pankrác Budecius, maestro de escuela (fragmento)Antonín Sova

Pankrác Budecius, maestro de escuela (fragmento)

"Budecius era un cantor y músico, muy conocido entre las gentes del pueblo. Se mostraba extremadamente respetuoso y, de algún modo, tendía a aferrarse a las personas. Su relación con el supervisor de la escuela, el Sr. Vicario, uno de sus parientes más allegados, quien, en cierto modo, le protegía y le había concedido su trabajo como enseñante, no era sencilla, solía temblar presa del miedo… y sólo al abrigo del lar se mostraba su verdadero espíritu díscolo y rebelde. Acostumbraba a sentarse a la mesa, cual fiel mercenario de la mordaz y humorística sátira del Dr. Grobián, obra que conocía a la perfección. Elogiaba los lamentos de su consorte, comía con un apetito voraz y emitía una especie de gemido gutural tras cada deglución, riendo abiertamente, con los codos apoyados sobre la mesa, mostraba un ánimo sobrecogedor en contraste con la apesadumbrada penuria de su esposa, y relataba lo que había sucedido en la escuela. Budecius atesoraba muchos libros eruditos, morales y religiosos, que había estudiado con todo detenimiento y esmero y que, en realidad, constituían la verdadera base de su educación, y el motivo por el que era tan respetado y reverenciado por sus congéneres. También era compositor y organista en la ciudad y demostraba su quehacer musical en cada fiesta, bodas, misas y funerales.
De ordinario pecaba de cierta impaciencia con su esposa, apenas le daba dinero para sus gastos particulares o incluso para los domésticos y ella se limitaba a dormir y dejar que, poco a poco, la enfermedad se fuera adueñando de su servil ser, sin que él ni siquiera se apercibiera de ello. Finalmente, su esposa falleció. Después del funeral, Budecius tuvo un sueño premonitorio, en el cual era juzgado a causa de su mala conducta con la finada y comprendió que era culpable del fatal desenlace. Ese onirismo perturbador sojuzgó su ánimo durante el transcurso de las siguientes semanas. Descuidó totalmente la música y sus partituras. Permanecía en un taciturno estado de sempiterna vigilia. Recordaba con minuciosidad los detalles más insignificantes, qué infortunios había ocasionado en el latir de aquel femenino corazón y qué horrendos pecados había consumado contra el santo matrimonio. A diario le veían rezar por ella ante su tumba y en la iglesia. Necesita, de alguna manera, realizar ese tipo de actos para lavar la imagen de su propia conciencia torturada. "



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