Tess, la de los D'Urbervilles (fragmento)Thomas Hardy

Tess, la de los D'Urbervilles (fragmento)

"La diáfana y franca existencia de la joven, exenta de todo sofisma, no requería el barniz del convencionalismo para resultar grata y amable. Él opinaba que la educación afectaba muy poco a los latidos de la emoción y a los impulsos en que se basa la ventura doméstica. Era probable que en el transcurso de los tiempos surgieran sistemas morales perfeccionados y una educación intelectual más eficaz que disciplinasen los resortes involuntarios y hasta los instintos subconscientes de la naturaleza humana; pero hasta el momento presente podía asegurarse, a su juicio, que el estado de la cultura sólo había afectado a la epidermis mental de las vidas desarrolladas bajo su influjo. Tal creencia la veía confirmada por su experiencia de las mujeres, que, habiéndose extendido últimamente de la clase media culta a la gente del campo, le había enseñado que era mucho menor la diferencia entre la mujer buena y discreta de una y otra clase social que entre la buena y la mala, la discreta y la necia de una misma clase.
Llegó la mañana de su partida. Sus hermanos se habían ido ya de casa en una excursión a pie por la parte del norte, terminada la cual regresarían el uno a su universidad y el otro a su curato. Podía haberles acompañado Ángel, pero prefirió ir a unirse con su amada en Talbothays. Hubiera constituido entre sus hermanos un elemento discordante, en punto a manera de pensar, y además no hubiera estado a su altura; porque aunque más perspicaz humanista que ellos, más penetrado de ideal religiosidad e incluso el más versado en cristología, sabía que nunca podría adaptarse a lo que de él esperaban. Ni a Félix ni a Cuthbert les habló el joven de Tess.
Su madre le preparó unos emparedados, y su padre, montado en su yegua, le acompañó un rato en su camino. Como ya habían tratado ampliamente de sus asuntos, escuchó el joven a su padre con reverente silencio en tanto recorrían los caminos cubiertos de sombra, y aquél le hablaba de sus apuros parroquiales y de la frialdad con que le trataban sus colegas, a pesar de lo mucho que él los estimaba, sólo por la estricta interpretación que él le daba al Nuevo Testamento, por efecto de lo que los otros llamaban pernicioso influjo calvinista. "



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