La mujer de Dennis Haggarty (fragmento)William Thackeray

La mujer de Dennis Haggarty (fragmento)

"Lo cierto es que su desesperación sorprendió a la mayoría de sus conocidos, dentro y fuera del regimiento, pues la joven dama no era ninguna belleza y tenía una fortuna más que dudosa, y Dennis, en apariencia, era un hombre muy poco romántico, al que parecían gustar más los filetes y el ponche de whisky que las mujeres, por muy fascinantes que fueran.
Pero no hay duda de que este tímido y tosco muchacho escondía en su interior un corazón más fiel y más afectuoso que muchos dandis con la belleza de Apolo. Por mi parte, jamás he comprendido por qué un hombre se enamora, y lo respeto de veras, independientemente de qué o de quién lo haga; es algo que, en mi opinión, está tan fuera del control del individuo como el contagio de la viruela o el color del pelo. Para sorpresa de todos, el segundo cirujano Dionysius Haggarty estaba profunda y seriamente enamorado; y en una ocasión, según me contaron, estuvo a punto de matar con un cuchillo de trinchar al joven alférez que hemos mencionado antes, pues tuvo la osadía de hacer una segunda caricatura, en la que se veía a lady Gammon y a Jemima en un fabuloso parque, rodeadas de tres jardineros, tres carruajes, tres lacayos y la silla volante. No admitía la menor broma sobre ellas. Se convirtió en un hombre irritable y pendenciero. Durante algún tiempo, pasó más horas en la consulta y en el hospital que en el comedor de oficiales. Dejó de comer aquellas grandes cantidades de carne y de budín a las que su estómago solía procurar tan rápido y espacioso alojamiento; y, cuando quitaban el mantel, en lugar de beber doce vasos de vino y de cantar canciones irlandesas con una horrible voz cascada y a gritos, como hacía antes, se retiraba a su habitación, o paseaba melancólicamente por el patio del cuartel, o fustigaba y espoleaba con enorme furia a su yegua gris por la carretera de Leamington, donde su Jemima (aunque invisible para él) seguía viviendo.
Cuando la temporada de Leamington llegó a su fin, al marcharse todos los jóvenes caballeros que frecuentaban ese balneario, la viuda Gam se retiró a su residencia habitual para el resto del año. Dónde se hallaba ésta es algo que no tenemos derecho a preguntar, pues tengo entendido que se había peleado con su hermano de Molloyville y que, además, era demasiado orgullosa para convertirse en una carga para nadie. "



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