Se vende ático (fragmento)Adolfo Marsillach

Se vende ático (fragmento)

"Germán, en principio, estaba lleno de buenas intenciones. Todos los hombres y todas las mujeres «en principio» están llenos de buenas intenciones. Lo malo se produce cuando, después del principio, hay que seguir. Quiero explicar con esta aseveración tan tonta que Germán había invitado a cenar a Marisa aquella noche porque le remordía un poco la conciencia. No se trataba de un remordimiento insoportable, desde luego, pero intuía que su última e inesperada relación con su ex mujer no debía de ser un asunto que a su amante le hiciese particularmente feliz. Con el ya explicado propósito de tranquilizar su conciencia, había reservado mesa en una tabernilla con pretensiones en la que —eso había leído en el suplemento dominical de algún diario— aún se podía comer bien a un precio razonable. De no haber sido por la esperpéntica discusión con doña Eulalia, la noche se hubiese presentado francamente esperanzadora, pero, después de aquella insoportable escena, a Germán le costaba disimular su fastidio. (Tampoco hacía muchos esfuerzos, reconozcámoslo.) Y encima —hay días funestos— le había resultado casi imposible encontrar un hueco donde estacionar el coche cerca del restaurante.
[...]
La jovencita encargada de recoger la ropa de los clientes era muy mona: la falda cortita, los pechos en su sitio, los labios prometedores… Hay algunos lugares de esparcimiento —tradúzcase bares, discotecas, boites y terrazas— que disfrutan contratando muchachas fastuosas que a veces —no siempre— son mucho más atractivas que las señoritas que acompañan a los caballeros. Está hecho a propósito. Lo que se pretende —y normalmente se logra— es que los dichos caballeros se maldigan a sí mismos por no haber tenido la suerte o la habilidad de ligar con la joven de la minifalda y empiecen a beber como cosacos hasta caer desmayados debajo de la mesa. Con este ingeniosísimo método, los propietarios de los mentados locales de ocio consiguen hacerse millonarios en muy poco tiempo y comprarse un yate para ir a Puerto Banús a jugar al tute con Jesús Gil.
Bueno, estoy seguro de que ustedes comprenderán que Juan Antonio no dispuso del ánimo suficiente para hacerse todas estas reflexiones cuando ayudó a Julia a quitarse el abrigo entregándoselo luego a la estrepitosa encargada de la guardarropía. "



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