La bien amada (fragmento)Thomas Hardy

La bien amada (fragmento)

"Era una tarde triste y pesada. Pierston caminaba por el largo pasadizo o estrecho de los Pozos. En las fuentes que por allí fluían a uno y otro lado del camino estaban las muchachas con sus cántaros; y detrás de las casas que formaban el propileo o vestíbulo de la roca, se alzaba el macizo frontal de la isla, culminado de aquella parte por numerosos reductos como una corona mural.
Según nos acercamos al extremo superior del estrecho, parece como si detuviera nuestros pasos y nos cerrara el camino la superficie de la escarpa, casi vertical, que vemos al frente, y que si resbalara aplastaría toda la aldea. Pero, de pronto, notamos que el camino, la antigua carretera romana de la península, da vuelta en ángulo agudo al llegar a la base de la escarpa y asciende en inclinadísima cuesta por la derecha. A la izquierda sube también otro camino en cuesta, de construcción moderna, casi tan escarpado como el primero y perfectamente recto. Es el camino que conduce a los fortines.
Pierston llegó a la bifurcación de la carretera y se detuvo para tomar aliento. Antes de dirigirse por la derecha, que era su propia y pintoresca vía, contempló el camino que por la izquierda conducía a las fortificaciones, y que nada tenía de interesante. Era nuevo, largo, blanco, regular, y se iba estrechando su cono hasta un punto imperceptible como una lección de perspectiva. A la distancia de una cuarta parte, arriba del camino, distinguió a una muchacha que en la margen reposaba con un cesto de ropa blanca, y por la forma de su sombrero y la índole de su carga reconoció que era Avicia, quien no le había visto; y dejando el camino de la derecha, subió lentamente por la cuesta que ella había tomado.
Jocelyn notó que la atención de Avicia estaba concentrada en algo de más arriba, y siguió la dirección de su mirada. Sobre ellos se alzaba la verde-gris montaña de piedra, poblada de hierba, cuya cima estaba explanada por arte militar. La línea del horizonte se veía quebrada de trecho en trecho por garitas semejantes a estaquillas, y cerca de una de ellas un punto rojo se deslizaba hacia atrás y adelante en monótono vaivén, proyectando su silueta en el nublado firmamento. "



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