Suelo virgen (fragmento)Ivan Turgenev

Suelo virgen (fragmento)

"Nezhdánov cogió el retrato, pero una sensación extraña le oprimía el pecho. Le parecía que no tenía derecho a recibir aquel regalo, que, si Markélov supiera lo que pasaba por su corazón, quizá no le diera aquél retrato. Nezhdánov levantó la mano para recibir aquel trozo redondo de cartón, cuidadosamente metido en un marco negro orlado con papel dorado, sin saber qué hacer con él. «Esto que tengo en la mano es la vida entera de un hombre», pensaba.
Comprendía el sacrificio que Markélov hacía, pero ¿para qué, para qué precisamente a él?
¿Debía devolver el retrato? ¡No! Eso sería un insulto todavía mayor... Y, después de todo, ¡cuán querido le era aquel rostro, cuánto la amaba!
No sin una cierta desconfianza íntima, Nezhdánov volvió los ojos hacia Markélov... ¿no le miraría? ¿No intentaría adivinar sus pensamientos? Pero Markélov sonrió de nuevo en su rincón y volvió a morderse el bigote.
El viejo criado entró en la sala con una vela en la mano.
[...]
El viejo quedó tan sorprendido que casi dejó caer la vela; en su mirada, fijada en el barín, había una expresión diferente, completamente distinta a su desánimo habitual.
Nezhdánov se retiró a su habitación. Se sentía mal. Le dolía la cabeza por el vino que había bebido, los oídos le zumbaban, veía luces delante de los ojos aunque los tuviera cerrados. Golushkin, el administrativo Vaska, Fómushka, Fímushka, bailaban delante de él; y la imagen de Marianna, lejos, como si no tuviera confianza, como si no se decidiera a acercarse. Todo lo que había hecho y dicho le parecía tan falso, tan inútil y absurdo... y lo que era necesario hacer, lo que tenía que ser continuado, no se sabía dónde estaba, era inalcanzable, estaba bajo siete llaves, en las honduras del infierno. "



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