Justicia auxiliar (fragmento)Ann Leckie

Justicia auxiliar (fragmento)

"Yo también estaba frente a la entrada del templo, en la plaza manchada de cianobacterias, desde donde contemplaba a las personas que pasaban por allí. La mayoría de ellas iban vestidas con la misma falda sencilla y de vistosos colores que llevaba la suma sacerdotisa, aunque solo las niñas muy pequeñas y las personas muy devotas lucían tatuajes, y solo unas pocas usaban guantes. Algunas de las viandantes eran trasladadas, es decir, radchaais asignadas a empleos o a quienes se les habían otorgado propiedades en Ors después de la anexión. Muchas habían adoptado la sencilla falda y, como la teniente Awn, habían incorporado una camisa ligera y holgada a su forma de vestir. Otras se aferraban con obstinación a los pantalones y la chaqueta, y sudaban copiosamente mientras cruzaban la plaza. Todas lucían joyas que pocas radchaais renunciarían a exhibir y que constituían regalos de amigas o amantes, insignias conmemorativas de la muerte de seres queridos o distintivos familiares o de asociaciones de clientelismo.

Hacia el norte, al otro lado de un tramo rectangular de agua al que llamaban Templo de Proa por el barrio que había existido allí, el terreno se elevaba ligeramente y, durante la estación seca, aquella zona, a la que se referían con deferencia como Ciudad Alta, quedaba asentada sobre tierra firme. Yo también estaba patrullando por allí y, cuando caminaba por la orilla del canal, me veía a mí misma de guardia en la plaza.

Las embarcaciones, impulsadas con pértigas, avanzaban lentamente por el pantanoso lago y por los canales que separaban los grupos de plataformas. El agua estaba turbia por la abundancia de algas y, aquí y allá, los extremos de las plantas acuáticas profundas agitaban la superficie. Lejos de la ciudad, al este y al oeste, unas boyas señalizaban zonas del lago prohibidas y, dentro de sus confines, las alas iridiscentes de las moscas de los pantanos titilaban sobre las masas enmarañadas de algas que flotaban en la superficie. Alrededor de las boyas, había embarcaciones de mayor tamaño y, entre ellas, los grandes dragadores, que aunque ahora permanecían quietos y silenciosos, antes de la anexión extraían el pestilente lodo del fondo. "



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