La casa junto al mar (fragmento)Natalia Ginzburg

La casa junto al mar (fragmento)

"Ya el día de mi llegada, Vilma quiso enseguida hablar conmigo. Fue por la noche, aprovechando un momento en que Walter había salido. Me senté frente a ella y con un esfuerzo de resuelta franqueza que me produjo una impresión penosa, empezó a hablar de ella y de mi amigo. Había sufrido mucho durante aquellos años; yo conocía a Walter y eso no debía sorprenderme. Cuando se casó, dijo, era aún muy joven e inexperta. Yo la miraba tratando de determinar su edad, pero no me parecía que pudiese ser muy joven y hasta habría dicho que era mayor que Walter. Tenía el cabello negro rizado y los ojos rasgados, color azul oscuro y profundos. Pese a la nariz larga y la tez ajada, me pareció bastante guapa.
—Y ahora me he reencontrado con un viejo amigo… Vrasti. Es un ser elevado y noble, y su primer impulso ha sido ayudarme y procurar mi bien. Mis sentimientos hacia él son puros y en nada pueden ofender a mi hijo o a Walter.
Me hablaba con abandono y confianza, pero esta actitud, en vez de agradarme e inspirarme la misma confianza, me turbaba y entristecía. La situación era complicada, dijo, por falta de medios y por la salud delicada del niño, al que le habría convenido un ambiente familiar muy tranquilo.
También conocí a Vrasti. Supe que acostumbraba a visitarlos todos los días, pero era de una timidez casi enfermiza y, cuando se enteró de quién era yo, al principio no se atrevía a venir. Era un hombre de unos cincuenta años, de cabello largo y lacio veteado de gris y ojos claros en un rostro arrugado y demacrado. Hablaba poco; se sentaba junto a Vilma y miraba cómo esta cosía mientras se entretenía con los flecos de su bufanda. Trataba de atraer hacia sí al niño, que le rehuía, lo sujetaba por la muñeca y le acariciaba la cabeza con su mano gruesa, de uñas rotas y descuidadas. "



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