La historia de María Griselda (fragmento)María Luisa Bombal

La historia de María Griselda (fragmento)

"Y la muchacha había empezado a explicarle su mísero tormento: "¿Por qué esa sensación de inferioridad en que la sumía la presencia de María Griselda? Era raro. Ambas tenían la misma edad y, sin embargo, María Griselda la intimidaba. Y no era que fuese orgullosa. Por el contrario, era dulce y atenta y muy a menudo venía a golpear a la puerta de su cuarto para conversar con ella. ¿Por qué la intimidaba? Por sus gestos, tal vez. Por sus gestos tan armoniosos y seguros. Ninguno caía desordenado como los de ella, ninguno quedaba en suspenso... No, no le tenía envidia. ¿Acaso Fred no le decía a ella: eres más rubia que los trigos; tienes la piel dorada y suave como la de un durazno maduro; eres chiquita y graciosa como una ardilla, y tantas otras cosas?... Sin embargo, ella hubiera deseado comprender por qué, cuando veía a María Griselda, cuando se topaba con sus ojos estrechos de un verde turbio no le gustaban ya sus propios ojos, azules, límpidos y abiertos como estrellas. ¿Y por qué le parecía inútil haberse arreglado durante horas frente al espejo, y ahora encontraba ridícula la sonrisa tan alabada con que se complacía en mostrar esa doble hilera de dientes pequeñitos y blancos?"
Ahora recuerda cómo, al dejar a Silvia, sintió de pronto esa ansia irresistible de salir al aire libre y caminar que se apodera de nuestro cuerpo en los momentos en que el alma se ahoga. Al llegar a la tranquera, encontró a Rodolfo inclinado lánguidamente sobre uno de sus postes, fumando y en actitud de espera.
¡Rodolfo! Ella lo había visto nacer, crecer; frívolo, buen muchacho y a ratos más afectuoso con ella que sus propios hijos. Y he aquí que ahora aceptaba el beso con que él se apresuraba a saludarla, sorprendida de no sentir al verlo nada de lo que creía que iba a sentir. Ni cólera, ni despecho. Sólo la misma avergonzada congoja que la había embargado delante de Anita. "



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