Del monte Sinaí a la isla de Venus (fragmento)Nikos Kazantzakis

Del monte Sinaí a la isla de Venus (fragmento)

"Los esclavos, que se hicieron musulmanes, hostigaron a los monjes para conseguir víveres y dinero. Las tribus salvajes de beduinos los atacaron para saquearlos. El gran portal permaneció cerrado y los monjes llegaban al jardín por un camino subterráneo. Las puertas de hierro bajas y los pasillos oscuros existen todavía. La entrada y la salida se encontraban a una altura de siete anas. Por estas aberturas izaban o hacían descender hombres y objetos con la ayuda de una polea.
Ahora los tiempos heroicos ya han pasado. Los esclavos se han dulcificado algo y los beduinos han abandonado sus ataques. El gran portal está siempre abierto.
El anciano sigue hablando. Emocionado, escucho esta débil luz de ultratumba que anima las murallas bizantinas y puebla el aire de santos y mártires. A mi lado el efebo cretense escucha la admirable leyenda dorada, en éxtasis y pálido. Abajo, en el patio, los monjes charlan tranquilamente. Otros vigilan y pesan el maíz que han traído los árabes. Por la puerta abierta de la cocina se ve una mesa llena de grandes y brillantes langostas coloradas. Fueron pescadas la vigilia en el golfo de Akaba. El padre Pahomios, sentado en el umbral de su celda y envuelto en una manta, está ocupado dibujando una gran concha.
Vuelvo a encontrar el ritmo familiar de la vida monástica, y esto agita mi corazón.
Me levanto y bajo a la gran terraza. Los padres recogen la nieve, hacen bolas y se divierten como niños. Están contentos porque ha nevado y así la hierba brotará en el desierto. Los carneros y las cabras comerán y los hombres tendrán su subsistencia.
Algunos esclavos vienen a sentarse al pie del monasterio. Fuman y hablan ruidosamente y se acompañan con grandes ademanes. Llegan mujeres con los pies desnudos, envueltas en grandes milayas negras y sucias. A partir de la nariz, la parte inferior de su rostro está cubierta de pequeñas cadenas adornadas con monedas de plata y conchas. Sus cabellos, atados en un moño puntiagudo sobre la frente, sobresalen como el pomo de una silla de montar. Cada una de ellas abre rápidamente su milaya y saca una criatura que deposita sobre las piedras. "



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