La cabeza de Georg Friedrich Händel (fragmento)Gert Jonke

La cabeza de Georg Friedrich Händel (fragmento)

"Ya ni siquiera los consideraba lo suficientemente sensibles para cantar en silencio la quietud de una habitación abandonada que hubiera quedado dibujada en una hoja de papel vacía y amarillecida, y estaba que echaba humo, y la cólera que emergía de su cabeza atravesaba el techo y penetraba ya en la buhardilla, de tal manera que sólo percibía el imperioso deseo de arrojar con estruendo por el borde de los acantilados de creta de Dover los miles de clavicémbalos inútiles, desgastados y desafinados que habían querido endilgarle en su vida, para que fuesen a parar todos al fondo del mar.
Los cantantes, asustados, intentaron tranquilizarlo, claro está, le aseguraron que habían cantado como él quería, ¿qué?, ¿cantado?, respondió él, no, él no había escuchado nada parecido, así que a eso lo llamaban cantar, vaya, a esos sonidos que emitían, porque la idea que tenía él de la voz humana era desde luego muy distinta. Claro que sonaba bien, le respondieron, tal como habían cantado y tal como ponía él en la partitura, pero él no había escuchado nada, le contestaron los cantantes, que enseguida se dispusieron a cantar de nuevo. Händel, sin embargo, no estaba ya por la labor, ¡parad!, gritó y se tapó los oídos, ¡dejad de cantar ahora mismo!, no podía aguantar más el canto, a partir de ese momento no se cantaría más.
Desde hacía tiempo, la casa en la Brookstreet era considerada un manicomio por los vecinos. De noche, por la puerta que había quedado abierta y procedentes del onduloso clavecín, a menudo salían chaconas o sarabandas que quitaban el sueño o emergía como una llamarada por la ventana abierta el rugido gritón al cantar o el canto rugiente al gritar o el grito cantabile al rugir, todo con el petrificado heroísmo de la convención operística italiana y a través de la garganta del alemán que se había vuelto loco y profería amenazas contra cualquier órgano vocal que produjera música de forma incorrecta. "



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