Estas cosas no suceden (fragmento)Mika Waltari

Estas cosas no suceden (fragmento)

"Cuando la pareja descendió por la vertiente, distinguió a lo lejos una nube de polvo que iba acercándose por la cinta gris del camino. Era un escuadrón de caballería. Los rayos del sol arrancaban destellos de los relucientes cañones de las carabinas. El hombre, haciendo bocina con las manos, comenzó a dar insistentes gritos. Pero a poco comprendió que el ruido de los cascos de los caballos impedía que su voz pudiera oírse. Además, las figuras de ellos dos contra el fondo violáceo de la ladera, posiblemente no debían de distinguirse. Y cuando llegaron al camino los jinetes habían ya desaparecido tras el horizonte.
Era un camino ruin, que seguramente en los días de lluvia se volvía fangoso e intransitable. Sin embargo, se sentaron al borde del mismo. La mujer tenía el rostro encendido, y, a la luz del sol, le brillaban los ojos. El hombre respiraba penosamente y, para disimular su jadeo, encendió un cigarrillo. Demasiadas opíparas comidas, demasiados años de vida sedentaria. Pero ahora tenía que hacer ejercicio forzoso.
A lo lejos se oyó el estampido sordo de una ráfaga de disparos. El hombre y la mujer se irguieron y aguzaron el oído, pero no percibieron ningún otro ruido. Les envolvió de nuevo el silencio de la planicie. La mujer se miraba las manos. Estaban muy sucias y llenas de rasguños, producidos por las agujas de los zarzales. Las uñas pintadas de color de rosa hacían resaltar la suciedad de las manos. "



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