Giles, el niño-cabra (fragmento)John Barth

Giles, el niño-cabra (fragmento)

"Max se llevó las manos a la cabeza. Por mi parte, estaba demasiado ocupado sujetando a Croador, la mención de cuyo nombre lo había puesto ominosamente inquieto, como para maravillarme aún más ante la caridad de Anastasia. Él se revolvía en dirección a ella y tuve que darle dos o tres golpecitos con mi vara, sin estar seguro de que aplicarle tal disciplina no haría que se pusiera en mi contra. De hecho, cogió la vara con la mano y la partió de un mordisco —prueba de la potencia de su mandíbula, ya que la madera era bastante dura—, y a pesar de que Anastasia me aseguró que con frecuencia mascaba ramas y ramitas para entretenerse, y que incluso podía convertir adornos sofisticados en bastones y patas de sillas sin más herramientas que su dentadura, yo no me sentía en absoluto seguro de poder controlarlo, especialmente sin mi arma, en el caso de que se le ocurriera abalanzarse de nuevo sobre ella. Pero lo que ocurrió fue que justo en ese momento unos gruñidos en el bosque cercano captaron nuestra atención, y fueron convirtiéndose en un rugido que culminó en la playa con media docena de parpadeantes luces rojas y brillantes luces blancas. A pesar de mi determinación, se apoderó de mí una sensación de alarma, casi de pánico; el mismísimo G.W. Gruff podría haberse puesto a temblar ante un asalto tan repentino y terrorífico, silencioso, imprevisto, un temblor que avanzaba hacia nosotros de una manera monstruosa dispersándose en ojos, ululatos enloquecidos y bramidos guturales. Max también se sobresaltó y se puso de pie de un salto; Croador soltó mi vara y se agachó debajo de mí soltando un gruñido, que yo no pude decidir si fue una expresión de desafío o de terror. Sólo Anastasia no parecía estar particularmente nerviosa; frunció el ceño ante las rugientes luces con más desaprobación que miedo y se quedó en su sitio, junto al fuego. "


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