Don Fernando (fragmento)William Somerset Maugham

Don Fernando (fragmento)

"La rebeldía de Nora constituyó un golpe para el mundo de su época, pero la idea hubiese parecido absurda (y por tanto la obra hubiese fracasado) a menos que existiera el sentimiento oscuro pero arraigado entre los espectadores de que la mujer tenía derecho a manifestar su propia personalidad. Así, mediante la lectura del drama de una época, se puede obtener una impresión muy buena de lo que los hombres y las mujeres pensaban de los acontecimientos que influyeron en su vida.
Pero si el drama presenta una imagen adecuada de la manera que los hombres pensaban y sentían, por el contrario, también influye en sus pensamientos y sus sentimientos. Convierte en palabras las inclinaciones que han reprimido, y mediante su vívido atractivo, les permite que conviertan en hechos los impulsos de su corazón. Lo contagioso de las emociones que despierta, su mensaje de hombre a hombre, le da un poder incomparablemente mayor que el de la novela.
Muchas más esposas abandonaron a sus maridos porque Nora dio un portazo ante las narices de Torvald Helmer, que hombres se suicidaron porque Werther experimentaba la melancolía de la época. Aunque debe admitirse que el suicidio es un asunto drástico y a menudo doloroso. El dramaturgo no sólo representa personajes de su época, sino que al dar formas vivientes a sus tendencias instintivas, las configura de acuerdo con la imagen que ha ideado. Por eso Mr. Coward no sólo relató la quisquillosa frivolidad de la década que siguió a la Gran Guerra, sino que creó una generación de personas frívolas quisquillosas. Debido a este poder que encierran las obras teatrales es por lo que la Iglesia, tal vez con muy buen criterio, ha mirado el drama de reojo.
Ahora bien, cuando se llega a estudiar el teatro español desde este punto de vista, se hacen algunos descubrimientos muy interesantes. El campo es enorme y no creo que ni el estudiante más aplicado lo haya examinado por completo. Lope de Vega escribió por sí solo tantas obras como todos los dramaturgos isabelinos y jacobinos juntos. Se afirma que escribió dos mil doscientas. Cerca de quinientas de ellas existen todavía. Yo he leído veinticuatro. Las he leído con placer, pero no he experimentado el impulso avasallador de leer más. Su fertilidad fue desde luego impresionante, y la fertilidad es una de las cualidades que más han de alabarse en un autor. Demuestra energía física, un don sin el que un escritor puede hacer tan pocas cosas como un jugador de tenis. Vitalidad, poder inventivo y variedad de intereses, que pueden de vez en cuando crear una obra maestra. "



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