La casa de los nombres (fragmento)Colm Toibin

La casa de los nombres (fragmento)

"Mitros se quedó en la cocina con el perro, Leandro se fue a los campos y Orestes al saliente del acantilado, donde confiaba en que Leandro se reuniera con él, pues quería averiguar qué planes tenía. Sin embargo, su compañero no acudió.
Contempló el mar y escuchó el estruendo de las olas al romper, hasta que se cansó de esperar y volvió a la casa, donde encontró a Mitros en el suelo con un violento ataque de tos y escupiendo sangre. Salió y llamó a Leandro con un silbido, regresó a la cocina y se puso la cabeza de Mitros sobre el regazo.
Esa noche no se apartaron de la cama de Mitros, que dormía, se despertaba tosiendo y volvía a dormirse. Más tarde le llevaron comida y procuraron que estuviera a gusto, con el perro echado a su lado.
[...]
Permanecieron junto al cadáver hasta que el sol perdió fuerza, momento en que lo trasladaron al lugar donde habían enterrado a la anciana, seguidos con expectación por el perro, que aguzaba las orejas como si captara un ruido a lo lejos. Cuando se disponían a depositar el cuerpo en el hueco que habían abierto al lado de los restos de la anciana, Leandro miró a Orestes y le pidió con los ojos que entonara la canción. Orestes se acercó a la sepultura y se sentó. Empezó a cantar en voz baja las palabras que recordaba, y la bajó aún más hasta que fue apenas un susurro.
Una vez cubierta la tumba, el perro se mostró inquieto. Se quedó un rato con ellos y luego los siguió despacio hasta la casa, indeciso, gruñendo bajito. Se sentó en su lugar habitual de la cocina. Orestes le llevó comida y agua, le acarició la cabeza y le habló con dulzura. "



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