La viuda blanca y negra (fragmento)Ramón Gómez de la Serna

La viuda blanca y negra (fragmento)

"Rodrigo se sentaba con algunos amigos en la terraza del café que tenían escogido. Iba allí para aturdir la noche desesperada, pues de nada servía que se pasease por ella con el acopio de caricias que hacía durante la tarde con verdadera avidez, como enfermo que se atraca de quinina para cuando llegue la hora del recargo.
Los seres tránsfugas del verano, todos esos hombres como desvelados e intranquilos que se pasean por sus noches, acudían a aquella tertulia. Bohemios, estudiantes de Madrid, empleados sin vacación, recalaban allí. La importancia que se daban al reunirse y verse les compensaba de no haber salido fuera, en «los coches celulares del veraneo», como llamaba a los ómnibus el atrabiliario y mal hablado agente de policía que se acercaba al grupo con afán de consolarse de su profesión, y que a veces leía a todos los presentes los papeles privados de la policía, la lista de los que estaban en partida o reclamados, la notificación de una denuncia.
En la alta noche deshabitada y dormida del verano, en que si se callejea se ven demasiadas camiserías con el escaparate al descubierto, ofreciendo corbatas, calcetines, cuellos, ligas y tirantes, con caudaloso ofrecimiento, Rodrigo se amparaba de la terraza asilo de aquel café.
Después de la noche de verbena en que había pasado en coche por las calles con ella, poseyéndola y dominándola del modo que soñaba, Rodrigo no se quería meter en la cama y buscaba, como perro de cabeza baja, la huella de aquel paseo por el mismo camino que siguieron, acabando rendido en el sillón de mimbre de la terraza, que sonaba a roto, a rompido, cuando llegaba muy cansado y se dejaba caer desde lo alto.
Rodrigo miraba con más pena y conmiseración a los que no eran novios ni amantes de nada, y tenían, después de haber pasado el calor intenso del día, tipo de recién salidos del purgatorio, pobres anémicos que habían echado grandes palanganas de sangre por las narices y la boca, congestionados por el calor madrileño. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com