El desertor (fragmento)Lajos Zilahy

El desertor (fragmento)

"Oculto en un cañaveral, bebió ávidamente la leche, que le dio nuevas fuerzas. Luego, refrescado y sereno, continuó el camino que se extendía a lo lejos, en línea recta. Por el momento, no le amenazaba ningún peligro. Sentíase solo en aquella llanura abandonada y en el valle inmenso dio libre curso a sus pensamientos. Estaba animado por resoluciones grandes y hermosas, y ya no lo atormentaban los escrúpulos o los remordimientos. Era capaz de medir y ponderar sus acciones, con ideas claras y simples. Sí, estaba bien y era justo que se encontrase allí y, con la ayuda de Dios, no tardaría en llegar a Budapest.
Recordó cuando habitaba en compañía de Zsibai y con él tomaba parte en las agitaciones universitarias, y también la mañana en que manifestó a Zsibai que iba a visitar a un pariente suyo y, en vez de hacer eso, se dirigió a un bosquecillo. El sol de septiembre bañaba los árboles de maravillosa luz y el viento hacia caer algunas hojas doradas. Paseó durante bastante tiempo por el sendero, con las manos a la espalda. Entonces tenía diecinueve años y era estudiante del primer curso de Derecho.
Ahora, allí, en aquel gigantesco y desierto valle de los Alpes, se sintió en la misma disposición de ánimo que aquel día de su solitario paseo por el bosquecillo. Imaginaba tener delante una gran multitud de hombres que llenaban el valle. Veía muchas miradas fijas en él y sentía todos los corazones conmovidos por las corrientes de pasión que surgían de su alma. En el corazón y en la mente reaparecían las frases que compusiera entonces con el fuego y el entusiasmo de sus diecinueve años. Pero, ¡cuánta fuerza, cuántas pasiones y cuánta amargura inundaron luego aquellas palabras! En cada una de ellas retumbaba el estampido del cañón durante cuatro años. Las palabras inanimadas recibieron un alma y una vida; vivían, respiraban, sangraban y gemían, como los heridos tendidos en los bancos de arena del Piave. Adquirieron terrible significado, como la noticia sin importancia de un periódico que habla de un accidente tranviario y que se transforma inmediatamente en cuanto sabemos que la víctima es nuestra madre o nuestro hermano. El vacío de aquellas palabras se llenaba de cadáveres, de los que pertenecían a sus amigos. Se veía en la tribuna pronunciando palabras ardientes ante la multitud revolucionaria. Y habría pronunciado aquel mismo discurso que desde los quince años resonaba en su corazón y repitió muchas veces. "



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