El centauro (fragmento)John Updike

El centauro (fragmento)

"Caminamos en dirección oeste en busca del coche que estaba en el aparcamiento del instituto, subimos y nos fuimos a Alton. Luces, a ambos lados había luces que nos sostenían sólidamente a lo largo de los cinco kilómetros, excepto en el vacío que se producía a la derecha a la altura de los campos del asilo, y en el intervalo en que cruzamos el Running Horse River por el puente en que el hombre que habíamos recogido por la mañana pareció elevarse en el aire sobre sus zapatos. Atravesamos el vistoso corazón de la ciudad por Riverside Drive, Pechawnee Avenue, Weiser Street y Conrad Weiser Square, subimos por Sixth Street, y bajamos por un callejón que sólo mi padre parecía conocer. El callejón nos condujo donde el terraplén del ferrocarril se ensanchaba en un arcén oscuro salpicado de carbonilla, cerca de la fábrica de pastillas para la tos de Essick que inundaba aquella zona tan siniestra de la ciudad con sus humos de un nauseabundo olor dulce. Los empleados de la fábrica utilizaban estos terrenos desaprovechados del ferrocarril para aparcar sus coches, y lo mismo hizo mi padre. Salimos. Los dos portazos fueron repetidos por el eco. La forma de nuestro coche quedó sentada sobre su propia sombra como una rana ante un espejo. No había ningún otro coche aparcado allí. Una luz azul que brillaba sobre nuestras cabezas vigilaba como un ángel aterido.
Mi padre y yo nos separamos al llegar a la estación del ferrocarril. Él se fue andando hacia la izquierda, en dirección al hospital. Yo continué en línea recta hacia Weiser Street, en la que cinco cines anunciaban sus programas. La muchedumbre que fluía del centro de la ciudad se dirigía a casa. La sesión de la tarde ya había terminado; en los almacenes, cuyos escaparates proclamaban que enero era el mes de la Venta Blanca y estaban repletos de sábanas de algodón, colgaban las cadenas que cerraban sus puertas; en los restaurantes reinaba ese momento de sosiego en que se preparan las mesas antes de que empiece la cena; los viejos de los carromatos de soft-pretzels los cubrían con telas y se los llevaban de las calles comerciales. Ésta era la hora en la que más excitante me parecía la ciudad, justo cuando mi padre me abandonaba y yo, único elemento que se movía contra corriente en la marea del éxodo, paseaba, sin hogar, libre de detenerme a ver los escaparates de las joyerías, asomarme a echar una ojeada en el umbral de las tiendas de tabaco, inhalar el aroma de las pastelerías en las que señoras gordas con gafas sin montura y delantales blancos suspiraban detrás de bandejas brillantes con bollos pegajosos, donuts glaseados, rollos rellenos de pacanas, y suflés. A esta hora en que los obreros y compradores de la ciudad se apresuraban para regresar a pie, en autobús, coche o tranvía, a sus casas para cumplir sus deberes, yo quedaba liberado de los míos durante un tiempo en el que mi padre no sólo me permitía sino que me indicaba que fuera a un cine y pasara dos horas fuera de este mundo. El mundo, mi mundo y todos sus opresivos detalles dolorosos e inconsecuentes quedaba a mi espalda; me dediqué a pasear entre cofrecillos de joyas que algún día serían mías. Al llegar este momento, en este lujoso espacio de tiempo libre que se abría ante mí, era frecuente que me acordara sintiéndome culpable de mi madre, incapaz en su lejanía de controlarme o protegerme, mi madre con su casa de campo, su padre, su insatisfacción, su agotadora alternancia de osadía y prudencia, de ingenio y torpeza, de transparencia y opacidad, mi madre con su ancha cara tensa y su extraño aroma inocente a tierra y cereales, mi madre, cuya sangre yo contaminaba con la animada embriaguez que me producía el centro de Alton. Luego me parecía ahogarme en una pútrida brillantez y me asustaba mucho. Pero nada podía aliviar mi culpa; no podía ir al lado de ella, porque por su propia voluntad ella había colocado quince kilómetros entre nosotros; y este rechazo de su parte me convertía en un ser vengativo, orgulloso e indiferente: interiormente, me convertía en un árabe. "



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