Les sept noms du peintre (fragmento)Philippe Le Guillou

Les sept noms du peintre (fragmento)

"Soy hombre de renuncias y rupturas. El surmenage hastía mi ánimo con mucha rapidez. Mi padre era un incapaz. Un hombre fino y guapo. Se arruinó completamente, lo perdió todo. Mi abuelo se ocupó de mí. Él me inculcó el significado y la relevancia de la muerte y también el propio significado del mundo elemental. Hay dos cosas que supe desde muy pronto, desde que era un colegial de catorce años en Ettal: mi gusto por los niños y mi deseo de pintar. Una doble singularidad. Como una elección maravillosa.
[...]
Una noche ascendieron hasta Montségur. Se hallaban solos en aquel escondite de águilas bajo un cielo estrellado. A Erich Sebastian le pareció que el mundo giraba en torno a ese espacio celestial. La montaña se erguía frente a ellos. Después se extendía la erosionada llanura. Un océano de fuego vagaba en lontananza. Las piedras cedían inermes a su paso. Las aves, sorprendidas, huyeron batiendo las alas como criaturas malditas. Erich Sebastian soñaba con realizar meditaciones ascéticas a la luz de la noche estelar, en torno a una hoguera. Decidieron pernoctar en aquel páramo. Querían ver cómo principiaba el alba, ese radiante fugo que coronaría las horas de vigilia tras haber observado la media luna celeste.
[...]
El mar era de un gris compacto. Los caballos se estaban bañando. Erich Sebastian contempló con asombro cómo la espuma corría por el lomo de las bestias. Los muchachos los sostenían con unas cuerdas de seguridad. Los caballos se deslizaban por la línea de las olas, como si fueran sombras proyectadas por el mismo mar. Su pelaje temblaba y goteaba y las cabalgaduras llegaban desde mar abierto con crines de algas marinas y sal. "



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