Estramonio (fragmento)Ugo Riccarelli

Estramonio (fragmento)

"Alejado de los ruidos del mundo, trasferí mi ropa al armario empotrado del vestíbulo, los libros a los que más cariño tenía junto al teléfono, con los del señor Hrabal encima del montón, y una vez más me encerré en casa a pensar, a reflexionar sobre esa madurez que definitivamente se había convertido para mí en una colección de rechazos, el desbaratamiento de un ejército en retirada: me sentía como un general abandonado, un Napoleón en Santa Elena abandonado por todos en aquel escollo aislado del mundo y con el océano a mi alrededor.
Y, sin embargo, la vida estaba justo detrás de las persianas, pensaba yo, y, en el fondo, incluso los razonamientos de mi madre no eran del todo equivocados porque aún debía pasar el reconocimiento militar y por fin poner en práctica algo más directamente ligado a mi madurez que aquella sarta de abandonos, y así, por enésima vez, mientras estaba encerrado en el salón, pensaba en esta nueva situación y en la madurez que en el fondo es saber afrontar sin temor las adversidades, y no ceder a las ganas de llorar por esa especie de desbaratamiento, ver las cosas de forma positiva, imaginar mi propio futuro, y consideraba que, en todo caso, hacía pocos días que había entrado en la vida y mi vida, por lo tanto, seguía estando allí delante, esperándome, acaso precisamente en el Distrito Militar, donde quizá hubiera podido convertirme en un hombre. Entonces recobré una vez más el vigor, me entraron ganas de salir del acuario y de dejar que el buen humor se apoderara de mí, porque era hermoso volver a oír los ruidos del mundo y poder participar por fin en la vida con la fuerza de mi madurez. "



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