Vita (fragmento)Melania G. Mazzucco

Vita (fragmento)

"El capitán Dy se unió al 5º ejército del general Mark Clark en octubre de 1943. Licenciado en Ingeniería en Princeton con las mejores notas, se enroló como voluntario el día de la entrada en guerra de Estados Unidos. A pesar de que su padre era ciudadano de un país enemigo, sospechoso de actividades antipatrióticas e incluso había sido puesto, por poco tiempo, bajo arresto domiciliario, Dy fue reclamado por el llamado Ejército de los Ingenieros, el cuerpo de élite destinado a combatir en Alemania. Deseoso de redimir la infamia de su padre (o perpetrada contra su padre, de inmediato su opinión fue tomándose incierta), durante casi dos años construyó bases aéreas, depósitos de municiones, hospitales, hangares, alojamientos y toda clase de edificio, pista, puente o puerto tan necesario para la victoria como la infantería o las bombas. Su guerra, entre oficinas y obras, había sido una mera abstracción. Metafísica de la matemática. Gran honor, ningún riesgo. Pero cuando supo que el 5º ejército se preparaba para atacar los pasos del río Volturno, solicitó ser transferido al Frente Sur. Le explicaron que cometía un gran error, que perjudicaría su carrera. La guerra en Italia era sólo una maniobra de distracción, con vistas a Overlord. Un teatro aparente, para atraer hacia la península al mayor número posible de alemanes y mantenerlos alejados de la costa de La Mancha, el teatro en que la guerra se decidiría de verdad. En el Frente Sur no había medallas que ganarse. Era una guerra de montaña sin gloria —hundirse en torrentes turbulentos, chapalear en la nieve, bajo el fuego de la artillería alemana. No era una guerra de números: una guerra de tierra, agua, fuego y fango.
Dy insistió. Poseía un carácter obstinado y las innumerables negativas que había tenido que afrontar raramente lo habían desmoralizado. En otoño de 1943 tenía veintitrés años, un limitado miedo a la muerte y una única certeza: quería estar entre los primeros en entrar como libertador en el pueblo del que sus padres habían escapado y donde vivían todavía sus abuelos. El pueblo del que siempre había oído hablar, cuyos sabores y perfumes conocía, el paraíso perdido y el infierno de la memoria del que sólo había visto una postal en blanco y negro —que su madre tenía remetida en el cristal del aseo. Un lugar remoto, un nombre extranjero— que odiaba, porque le recordaba lo que no era, lo que deseaba destruir, para liberarse de ello definitivamente. "



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