Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (fragmento)John William Draper

Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (fragmento)

"Copérnico, prusiano, hacia el año 1507, concluyó un libro Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes. Había viajado por Italia en su juventud y dedicándose a la astronomía, estudiando en Roma las matemáticas. Un estudio profundo de los sistemas ptolemaico y pitagórico le había convencido de la verdad de este último, y apoyarlo era el objeto de su libro; comprendió que sus doctrinas eran
totalmente opuestas a la verdad revelada, y previendo que podría acarrearse el castigo de la Iglesia, se expresó con prudencia y de un modo apologético, diciendo que había tomado la libertad únicamente de ensayar si, en el supuesto del movimiento giratorio de la Tierra, era posible hallar una explicación mejor que la antigua de las revoluciones de los mundos celestes; y que al obrar así había usado del privilegio concedido a otros de fingir las hipótesis que querían; el prefacio estaba dirigido al papa Paulo III.
Lleno de aprensiones en cuanto al resultado, se abstuvo de publicar su libro durante treinta y seis años, pensando que «tal vez sería mejor seguir el ejemplo de los pitagóricos y otros, transmitiendo sus doctrinas sólo por tradición y a sus amigos.» A instancias del cardenal Schomberg los publicó al fin en 1543; un ejemplar le fue presentado ya en su lecho de muerte. Su suerte fue la que él había temido; la Inquisición lo condenó como herético, y en el decreto de la Congregación del Índice se prohibía y denunciaba su sistema como «falsa doctrina pitagórica en todo contraria a las Sagradas Escrituras».
Los astrónomos afirman con razón que el libro de Copérnico De Revolutionibus cambió la faz de su ciencia; estableció de una manera incontestable la teoría heliocéntrica; demostró que la distancia de las estrellas fijas es infinitamente grande, y que la Tierra es un simple punto en el cielo. Adelantándose a Newton, atribuyó Copérnico la atracción al Sol, a la Luna y a los cuerpos celestes; pero se equivocó sosteniendo que los movimientos de los astros debían ser circulares. Las observaciones de la órbita de Marte y sus diferentes diámetros en distintas épocas habían sugerido a Copérnico esta teoría.
Al denunciar, pues, las autoridades eclesiásticas el sistema de Copérnico como contrario a la revelación, obraron sin duda por las consideraciones que de él se desprendían. Destronar a la Tierra de su posición central dominante, para darle muchos rivales y no pocos superiores, parecía que era rebajarla en sus pretensiones a las miradas divinas. Si cada una de las innumerables estrellas es un Sol rodeado de globos giratorios poblados de seres responsables como nosotros; si hemos pecado tan fácilmente y hemos sido redimidos a un precio tan fabuloso como el de la muerte del hijo de Dios, ¿Qué era de todos esos seres? ¿No había pecado ninguno de ellos, o no debían pecar como nosotros? ¿Dónde, pues, encontrarían un Salvador? "



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