Lolly Willowes (fragmento)Sylvia Townsend Warner

Lolly Willowes (fragmento)

"Oscuros y compactos, los hayedos se extendían por las colinas. Un gato blanco subió de un salto a la valla del jardín, posándose quedamente como un búho. Echó un vistazo a cada lado, corrió un pequeño trecho por encima de la valla y se volvió a bajar de un salto, siguiendo secretamente su rumbo. Laura soltó un suspiro de felicidad. No pensaba nada; su cabeza estaba recién barrida, limpia y vacía como el cielo. Siguió asomada un buen rato a la ventana, olvidándose de dónde estaba y de cómo había llegado hasta allí, tan de otro mundo era su gozo.
Aun así, sus primeros días en Great Mop no le procuraron un auténtico placer. Con tanta emoción, los estropeó. Cada mañana, nada más desayunar, salía a explorar el campo. Pensaba que si desayunaba de forma copiosa podría prescindir de la comida. Los días eran cortos y quería aprovecharlos al máximo, y no le parecía que eso fuera compatible con regresar a comer. Por desgracia, no estaba acostumbrada a los desayunos abundantes, de manera que su entusiasmo se veía limitado por la indigestión más o menos hasta las cuatro de la tarde, cuando tanto el uno como la otra cedían ante una vaga sensación de desmayo. Entonces emprendía el camino de vuelta, por lo general por la carretera, porque empezaba a estar todo demasiado oscuro para encontrar senderos, y llegaba a casa renqueando entre las seis y las siete. En el fondo sabía que no estaba disfrutando de todo aquello, pero el hábito de la actividad inútil era demasiado fuerte como para que un cambio de aires pudiera romperlo. Cada noche, mientras miraba el mapa y señalaba dónde había estado con sangrantes pisaditas de tinta roja, volvían a cautivarla los nombres y los caminos de herradura, y, olvidando el talón con ampollas y el descontento con el paseo de aquel día, planeaba uno nuevo para el día siguiente.
Transcurrió casi una semana antes de que se enmendase. Había concertado una cita con la puesta de sol para verla desde la cima de una colina concreta. Esta era empinada, y la carretera subía retorciéndose por sus faldas. Estaba claro que el ocaso llegaría a su punto de encuentro antes que ella, y no era probable que fuese a quedarse esperándola. Laura echó un vistazo al cielo y aceleró el paso. La carretera dio un nuevo e inesperado giro, oculto tras un grupo de árboles del que se había estado valiendo para medir su avance por la colina. Se iba poniendo cada vez más nerviosa, y este aguijonazo le hizo perder por completo los estribos. Estaba cansada, a muchas millas de distancia de Great Mop, y había hecho el ridículo. Un súbito rayo de luz salió disparado desde detrás del seto como si el sol, al desaparecer por debajo del horizonte, le hubiese guiñado un ojo. "



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