La huella del crimen (fragmento)Vicente Battista

La huella del crimen (fragmento)

"Es una bella prueba de amor, dice Barrera. Cuando hizo la denuncia por malos tratos no parecía enamorada, dice Ruffet. Barrera le recuerda que esa denuncia quedó sin efecto. Cuestiones del momento, natural en cualquier matrimonio, dice. Livingston tenía una amante, dice Ruffet. También natural, dice Barrera, nadie mata por eso. ¿Nadie mata por eso?, se asombra Ruffet. No lo tome a mal, comisario, dice Barrera, pero creo que usted lee muchos folletines policiales. Puede ser, reconoce Ruffet. Barrera pone la hoja con los versos otra vez en el sobre. El caso está resuelto, dice. ¿Resuelto?, se sorprende Ruffet. Resuelto, insiste Barrera. Se lo explico, dice. Livingston le debía algún dinero a Viterale. Como se retrasaba en el pago, el italiano decidió cobrarlo a su manera. Con cuarenta y dos puñaladas, lo interrumpe Ruffet. Barrera asiente. Convengamos que se le fue la mano, dice. Ruffet le recuerda que a Livingston no le habían robado nada. Tenía todo el dinero en el bolsillo, el anillo en el dedo y el reloj en el chaleco, vaya modo de cobrar una deuda. Cosas de la mafia, dice Barrera. ¿La mafia? Sí, la mafia, insiste Barrera, no me va a negar que estos italianos inmigrantes son todos mafiosos. Ruffet se ríe. ¡Viterale miembro de la mafia! ¡Por favor! Es usted el que lee folletines policiales, Barrera.
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Barrera no disimula su euforia. Lo hemos resuelto en menos de una semana, dice aunque íntimamente piensa que fue él, sólo él, quien lo resolvió. Tiene a uno de los asesinos, le falta encontrar a los otros. Pero no se preocupa, sabe que Viterale finalmente dará los nombres, estos italianos se quiebran rápido. Ruffet no está tan seguro. ¿De que los italianos se quiebran rápido?, pregunta Barrera. De que el caso esté resuelto, dice Ruffet. Y otra vez habla del odio y de la ausencia de un móvil real. Habrá que citar a la viuda, dice. ¿Por qué no dejamos en paz a esa pobre mujer?, suplica Barrera. Ruffet insiste en que quiere hablar con la viuda. Usted no quiere hablar, dice Barrera, quiere interrogarla. Es el modo de hablar que tenemos los policías, dice Ruffet. Es una pobre mujer, insiste Barrera, no sabe nada de nada. Las mujeres saben más de lo que usted piensa, Barrera, dice Ruffet y le ordena que cite a la viuda de Livingston. También a la amante de Livingston, agrega, las amantes conocen cosas que las esposas ignoran. "



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