K.L. Reich (fragmento)Joaquim Amat-Piniella

K.L. Reich (fragmento)

"Todos hemos comprendido, como por instinto, la necesidad de obedecer, de trabajar y de llevar una vida al gusto de los que nos tienen presos, y no creo que, por ahora, August se encuentre con más dificultades de las normales. Es el momento de imponer su autoridad frente a la rutina de los teutones. Si lo consigue, es muy probable que todo marche como una seda. August me tiene a mí entre sus colaboradores —vete a saber por qué— y ocupo el lugar del Blockälteste, aunque aquí no es como entre vosotros; aquí los que tenemos cargos en el campo trabajamos en la obra como los demás. La comida no es tan mala como en el campo principal y se reparte con estricta igualdad. Si sobra algo, se reparte entre los más decaídos. También hay más justicia en los servicios, que se hacen por turno riguroso y solo quedan exentos de ellos los enfermos y los que tienen ya una función fija en el interior del campo. El comercio entre presos ha sido abolido, y los sastres, zapateros, barberos, etcétera, hacen sus servicios desinteresadamente y no como ahí, a cambio de comida o cigarrillos. Hay camaradería de verdad, no se habla de política, se previenen las desviaciones y se puede decir que la austeridad de nuestra existencia aquí y las ocupaciones constantes hacen más necesario el descanso que matar el tiempo en tonterías. Todos hemos comprendido que en este campo se está haciendo un experimento que puede representar la salvación de muchos hombres. A los alemanes —dice August— hay que convencerles con resultados. Acostumbrados a la violencia, no acaban de comprender que con mayor humanidad en el trato sacarán más partido de nuestro esfuerzo. Es para vencer esta incomprensión que August tiene a veces necesidad de organizar representaciones disciplinarias en la plaza de los recuentos. Entonces vocea mucho, gesticula más aún, reparte algún bofetón y por una nadería te pone de cara a la alambrada durante un par de horas. Si no lo hiciese así, probablemente los SS le reprocharían debilidad y seguramente el preso alemán que le sustituyera ya no haría teatro. La gente comprende y acepta tales espectáculos con humor. Yo que, como sabes, discrepo de August en tantas cosas, no puedo por menos de... "


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