Héroes de la frontera (fragmento)Dave Eggers

Héroes de la frontera (fragmento)

"Regresó al Chateau, pensando en un modo de cerrar el lavabo o envolver el inodoro con plástico o algún material impermeable a los olores fecales. Y mientras volvía al lavabo vio algo en lo que aún no había reparado. En la pared de al lado de la cocina había un interruptor del que Stan no le había hablado, porque Stan era un gilipollas. El interruptor se parecía a esos interruptores metálicos que abundaban en los aviones viejos, del tipo que emite un chasquido que contenta al usuario. Por encima se leía CALEFACTOR DE DEPÓSITO.
Josie se fijó en que estaba encendido, es decir, que estaba calentando algún depósito. Primero pensó en el depósito de la gasolina, pero sabía que no podía haber un interruptor, entre la cocina y el lavabo, para calentar un depósito lleno de gasolina altamente inflamable. Así pues, el único depósito que se le ocurría era el de heces y orina que había debajo del lavabo.
Ahogó un grito. Empezaba a entenderlo. El Chateau incorporaba un mecanismo que calentaba el depósito. ¿Por qué? Josie dedujo que en invierno los propietarios no querrían que se les congelaran las heces porque, congeladas, no podrían drenarse por el tubo celeste acanalado y, por tanto, no quedaría sitio para las nuevas. Había que conservar las heces calientes y líquidas para poder drenarlas y que el depósito pudiera recibir las heces nuevas.
Ana había encendido el interruptor que calentaba las heces. Lo había encendido en agosto, cuando no hacía falta calentarlas. Por lo tanto, Josie y su familia viajaban por la zona baja de la Alaska central no solo transportando heces, sino calentándolas. Cocinándolas. ¿Cómo se diría? Josie buscó el verbo adecuado. ¿Recocer? ¿Cuando el calor lo emitían las paredes interiores del horno en lugar de una llama de gas o leña? Estaba segura de que se decía «recocer».
Apagó el interruptor, regresó con Paul y Ana junto a la picea solitaria y les dijo que no debían encender los interruptores del Chateau, ninguno. Les contó lo que había ocurrido, les explicó lo de las heces y el recocido y los niños asintieron, muy serios. Creyeron la historia sin dudarlo y Josie se maravilló ante ese estadio puro de la vida, cuando a un niño le cuentan algo así por primera vez, algo del género cómo recocer heces y por qué no debía hacerse en verano.
Subieron al Chateau y arrancaron. Era un día espléndido para estar vivo. "



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