Las cárceles del alma (fragmento)Lajos Zilahy

Las cárceles del alma (fragmento)

"Quería y prefería a Teresa sobre todas sus amigas. En la muchacha suiza se fundían el encanto de la mujer francesa con la solidez del carácter alemán. Su vasta cultura, sin el menor lastre de pedantería, imponía respeto; estaba capacitada para aclarar cuestiones inabordables a veces para Miett: la alta política, la música o la literatura mundiales, con precisión poco menos que enciclopédica. Miett apreciaba en su amiga la lógica de la razón pura así como la elevada moral de su manera de pensar, gracias a la cual había logrado formarse un juicio concreto y en apariencia muy sencillo sobre todas las cosas. No obstante, lo que posiblemente encontraba más agradable en su amiga era el pudor especial que caracterizaba por encima de todo el refinadísimo ser de Teresa Agnier. Este pudor, tanto anímico como físico, llegaba a tales extremos que en determinados momentos Teresa protestaba a veces violentamente contra la presencia de Miett. Miett no recordaba haber visto jamás el pecho desnudo de Teresa.
Desde que estaba separada de Pedro, durante aquellos largos meses de soledad, cuando a la hora de la siesta se revolcaba sobre el sofá, agitada por extraños e inquietantes pensamientos, sintiendo aún sobre ella las miradas de deseo de algunos hombres desconocidos, miradas que había recogido en la calle y en el tranvía y que parecía tener pegadas a la ropa y al cuello; y, sobre todo, cuando oía hablar de aventuras de otras mujeres o encontraba planteado el problema en sus lecturas, siempre se le aparecía la figura pura y noble de Teresa Agnier. Teresa había logrado conservarse inmaculada, Y la virginidad le proporcionaba la alegría del alma y la seguridad y la elasticidad de su cuerpo. "



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