St. Irvyne o el Rosacruz (fragmento)Percy Shelley

St. Irvyne o el Rosacruz (fragmento)

"Había sido una noche, durante una fiesta en la residencia de Wolfstein, cuando esta idea tomó cuerpo en la mente de Olympia, quien trató de acallar que, en realidad, estaba enamorada de él. De poco valieron las advertencias, claras, aunque no audibles, con que se manifestó la voz de su conciencia, que apelaba a su generosidad y que le advertía de lo doblemente perverso que sería que intentase separar a su amiga Megalena de su amante. De nada sirvió la modestia propia de su sexo, que pintaba con colores monstruosos, pero reales, lo que estaba a punto de hacer. Olympia había tomado una determinación.
Aquella misma noche, en la soledad de su cuarto, en el palacio de su padre, repasó mentalmente los diversos acontecimientos que le habían conducido hasta aquella pasión incontrolable, que había llenado su cabeza por completo y que le hacía sentirse como muerta respecto a cualquier otro de sus semejantes. Las feroces embestidas de un deseo enloquecedor ardían en su pecho. Se obligó, pues, a sofocar tales pensamientos. Pero cuanto más se esforzaba por apartarlos de su mente, con más viveza se hacían presentes a su calenturienta y entusiasta imaginación. "



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